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Deporte

Voluntad, velocidad y amigos: La pasión, según Nicolás

 

A los 14 años Nicolás Tarallo se enamoró del hobby que lo acompaña desde entonces, incluso hasta el día de hoy, 24 años más tarde. A punto de cumplir su cuarto de siglo junto a los autos a radiocontrol, Tarallo -director de la revista española Home Mallorca- sigue disfrutando de cada carrera en la que participa, de cada nuevo o viejo amigo que le brinda este hobby, de cada nuevo logro de su 4×4 todoterreno. Campeón uruguayo de la categoría en varias ocasiones, participante de dos mundiales (se está preparando para el próximo, a disputarse en Brasil), responsable de la introducción del deporte en Uruguay, cofundador de la primera asociación de autos RC que hubo en el país, Tarallo sigue buscando cada vez que enciende el motor de su prototipo esa utopía tan universal como milenaria: ganarle alguna vez la carrera al viento. 

 

 

I

Cuando recién estaba dejando de ser un niño, a eso de los 14 años, Nicolás Tarallo vio una revista en un kiosco de diarios. La revista mostraba un auto en miniatura: no un juguete sino la perfecta reproducción mecánica de un auto en miniatura. Un auto que tenía motor, ruedas, amortiguadores, diferenciales. La perfecta reducción de los mismos autos que circulaban por la calle. O casi. Porque el auto de la revista era un 4×4 todoterreno y, en aquel tiempo -mediados de los años 90-, los autos con tracción 4×4 eran todavía una excepción tanto por las calles de Punta del Este como por las de Buenos Aires.

Lo cierto es que ver la publicación y desear con furia tener ese auto fue todo uno. El jovencísimo Tarallo quería tener esa belleza que sólo conocía por fotos (en rigor, por una única foto en una revista) y que era imposible de conseguir en el sur del continente americano.

En primera instancia, la chance de obtenerlo no parecía sencilla. El auto a radio control no era para nada barato. Para peor, los locales que lo vendían tampoco estaban ubicados en las cercanías de su casa en Punta Ballena. Una empresa compleja y de difícil ejecución. Pero, como señalan sus amigos, “Nico desde chico fue un emprendedor, nada le parecía ni le parece imposible”.

La solución era convencer a su madre, Marisol Nicoletti -editora, directora de Punta del Este Internacional-, que se lo regalara. Y esperar el momento justo para hacerle el pedido.

 

 

II

Más de un siglo antes de aquel día en Nicolás Tarallo quedara embelesado ante la foto de ese auto todoterreno a radio control en aquel kiosco de Gorlero a dos cuadros del mar, mucho antes de que le insistiera a su madre, con fervor imbatible, para que se lo comprara, el primer prototipo de aparato a radiocontrol conmocionaba a los Estados Unidos: un barco, con esa tecnología de punta para la época, era presentado por Nikola Tesla en el Madison Square Garden el 1º de septiembre de 1898.

 

 


 

Llegaría luego la producción en línea de los primeros autos autopropulsados a combustión interna que Henry Ford había soñado y conseguido mostrar un par de años antes de aquella exposición de Tesla, y que daba un paso adelante a aquel de tres ruedas que Karl Benz había fabricado en 1886, un Benz Patent-Motorwagen.

Después vendrían los juguetes, imitación de esos autos que circulaban por las calles y avenidas del mundo hasta, mucho más tarde y radio control mediante, el ascenso a categoría de hobby de aquellos autos en miniatura que, de algún modo, no se contentaron con ser juguetes.

Primero fueron los spindizzies. Estos prototipos -que no eran a radio control-, imitaban a la perfección en escala a los autos de calle y también a los autos de carrera, y fueron furor en Estados Unidos entre las décadas del 40 y del 50. Tenían motor a combustión -su combustible era una mezcla de alcohol, nafta y aceite de castor- y los primeros aparecieron en Los Angeles, en los últimos años de la década del 30.

Casi de inmediato, se hicieron famosos en todo el país y la primera carrera oficial fue en Fresno, California, en 1939. Cinco años más tarde de ese evento, los fanáticos llenaron el New York City Court of Peace para presenciar las carreras del icónico World´s Fair. La Midget Motor Mania -como se conocía entonces a este hobby- llegó a los noticieros de la 20th Century Fox y se convirtió en el hobby por excelencia de la juventud estadounidense.

 

 

 

La Segunda Guerra Mundial frenó el empuje y la pasión: los jóvenes fueron al combate mientras que el aluminio y el magnesio -indispensables para la construcción de los prototipos- fueron declarados estratégicos por el gobierno y utilizados en la construcción de armas, aviones, bombas y otros artefactos que la única escala que contemplan es la de la muerte. Terminada la guerra, el furor volvió intacto. La tecnología, impulsada por la contienda bélica, hizo que los prototipos mejoraran notablemente con modelos que alcanzaban los 150 kilómetros por hora. A fines de la década del 40 había 500 pistas a lo largo de Estados Unidos y la American Miniature Race Car Association tenía 10.000 miembros activos.

El escenario estaba dado para que alguien le incluyera un radio comando a estos pequeños gigantes. Pero no sería tan pronto.

 

III

Hoy todo es más cercano. Hoy el mundo se maneja a fuerza de Amazon, Ebay, Federal Express, Mercadolibre y otro sinnúmero de páginas o empresas de servicios que acercan, desde los confines, artículos y bienes fabricados o vendidos en cualquier parte del planeta. Estos tiempos puerta a puerta poco tenían que ver con aquellos días a mediados de la última década del siglo pasado, donde internet recién llegaba a Latinoamérica y se movía a empuje de dial up y un moden que emitía sonidos horrorosos. A lo sumo se tenía correo electrónico (conocido por entonces sólo como email) y una pocas páginas web.

 

En esos tiempos, digamos, pre digitales, la opción para Nicolás era sólo y únicamente analógica: que alguien viajara (preferentemente su madre) a Estados Unidos y lo comprara. Se tenían que alinear los astros. Y, un buen día, se alinearon.

Corría el año de 1996 cuando Marisol le comentó a Nicolás que viajarían a Miami. El joven Tarallo supo que las condiciones estaban dadas. Sólo se trataba de encontrar la manera de conseguir que su madre le comprara el auto a radio control.

¿De cuánto sería la probabilidad de un sí a su deseo? ¿Diez, veinte, treinta por ciento? Seguramente no más. Pero para ganar porcentajes ahí estaba la pasión de Nicolás por su auto, que daba vuelta en su cabeza desde la foto de aquella revista. Y, como bonus track, la conocida capacidad de cualquier adolescente para hacer estallar la cabeza de sus progenitores a la hora de insistir hasta límites insospechados con un pedido en particular.

El resto lo haría el corazón de esa madre que, como tantas veces en la vida, no cesaría de hacer lo que sea para que su tan amado Nico pueda, con su propio esfuerzo y talento, hacer realidad sus sueños.

“Yo no quería saber nada de comprarle el dichoso auto”, asegura Marisol Nicoletti, ya de vuelta en el terrible 2020 de la pandemia con cuarentena incluida. Y agrega: “Me insistió tanto para que se lo comprara que, finalmente, lo hice. Pero lo hice como con bronca porque, por un lado, era bastante dinero y, por el otro, me parecía que Nico era muy chico para saber qué hacer con ese auto”.

Se lo compró con una advertencia amenazadora. “Si no hacés algo con este auto, no te compro nunca más nada en tu vida”. Palabra de calabresa.

 

 

IV

Para Nico, la espera entre aquel flechazo a primera vista con los autitos en el kiosco de revistas y el momento en que su madre le cumplía su sueño, aunque haya sido sólo un año, le había parecido interminable.

Pero había sido mucho más breve que el que había pasado entre el tiempo de oro de los spindizzies y su salto de status: veinte años debieron pasar para que llegaran los autos a radio control.

A mediados de los años 60, había comenzado -también en Estados Unidos- la pasión por los aviones a control remoto. En Alemania, en 1968, había salido al mercado el primer helicóptero a radio control. Ambos, aviones y helicópteros- sintetizaban, de algún modo, el avance de la tecnología; la potencia y omnipotencia del hombre de la segunda mitad del siglo XX. Mientras tanto, los autos que se aferraban a la tierra, parecían, cosa del pasado: el futuro estaba en el aire.

En esos últimos días de los años 60, mientras el mundo observaba por televisión, entre azorado y maravillado, cómo Neil Armstrong y Edwin Aldrin Junior caminaban por primera vez sobre la luna, los cielos más cercanos y modestos de Europa y Estados Unidos se poblaban de pequeños aviones y helicópteros a radio control que ofrecían el placer, a escala, de volar. Aviones y helicópteros se volvieron rápidamente populares. No tanto como el rock, la Guerra de Vietnam o la cultura hippie pero, sin duda, muy populares.

Y de esos cielos modestos y cercanos, llegaron los primeros autos a radio control. Un motor a nafta de un avión a control remoto fue colocado en un auto de juguete y así, sin demasiado prólogo, se tuvo el primer prototipo. Sin embargo, para su comercialización y, sobre todo, para su explosión masiva aún faltaba bastante.

Fue recién en 1970 cuando se empezó  a vender el primer modelo de auto a radio control todoterreno: los truggys. Pensados para correr fuera del asfalto, su modelo ícono era el Rough Rider.

 

 

A lo largo de la década del 70, el hobby se iría sofisticando. Cuando, comenzaron a aparecer modelos para correr sobre asfalto, el despegue llegó: los fanáticos se multiplicaban y con ellos las grandes competiciones internacionales.

La primera, el First 1/8 Scale World RC Car Championship, fue en 1977, donde se desplegaron prototipos de autos que tenían todas las virtudes y defectos de su época. De chasis ampulosos, que parecían más cercanos a los que mostraban los anime japoneses que a los verdaderos autos de carrera, estaban marcados por el estereotipo Daytona.

De esa competencia, realizada en Pomana, California, participaron una gran mayoría de pilotos estadounidenses, quienes acapararon todos los premios. Pero también hubo equipos de Alemania, Francia, Suiza, Suecia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Japón y Sudáfrica. El californiano Butch Kroells fue el ganador y los diez primeros puestos fueron para USA. Recién en el puesto número 11 entró un inglés, Phil Booth, quien dos años más tarde ganaría el campeonato del mundo en Ginebra, Suiza.

 

 

 

Con sus buenas y malas, este primer mundial fue un punto de partida fundacional para los autos RC. La competencia llevó el hobby a los medios de comunicación y, como suele ocurrir, pronto se expandió como mancha de aceite la legión de fanáticos. La misma que tendría entre sus miembros dilectos, a uno que nacería cinco años después a 6141 kilómetros de aquel templo californiano, para inaugurar otro, más modesto, pero con tanto o más pasión que aquel.

 

V

 

Zeus lo llamó. Lugar de dioses, como su nombre lo insinúa. En el mismo continente que donde se realizara la primera competencia de autos a control, pero en el otro hemisferio, el sur. A metros, de la costa opuesta, la del Atlántico. En Punta Ballena, muy cerca de su casa esteña.

Allí, Nico montó, con apoyo de su padre el arq Ariel Tarallo  Lapaitis el templo donde daría respuesta a aquellas dudas de su madre sobre si esos autitos eran un antojo consumista más del adolescente, o un amor a primera vista, que perduraría (y honraría) a lo largo de toda su vida.

Bien pudo haber sido el temor a que su madre cumpliera con su amenaza, bien pudo ser que su pasión por los autos a radio control ya estaba asentada. O tal vez haya sido una mezcla de ambas cosas.

Lo cierto es que Nicolás, con tan sólo 15 años, no sólo armó el auto -algo nada sencillo y menos en esa época, sin la ayuda de los tutoriales de youtube-, sino que también construyó Zeus, la primera pista todoterreno de Punta del Este.

 

 

 

Él fue quien introdujo el hobby en Uruguay y quien fundó la asociación uruguaya de autos RC. Salió campeón nacional dos veces, participó en dos Mundiales y todavía hoy, 23 años después, despunta el vicio tanto en Europa como en Latinoamérica mientras espera volver a competir internacionalmente, clasificando para el próximo mundial de Brasil. Nada mal a la hora de demostrarle a su madre que ese “dichoso auto” no se trataba de un capricho.

 

Armar el primer auto no fue una misión sencilla. “No existía nada, cero información. El auto traía un manual pero para mis 14 años era realmente difícil de armar. Los RC son autos de rally en miniatura. Son 4×4, tienen amortiguadores independientes, diferenciales, motor de 3.5 centímetros cúbicos, llegan a 35.000 vueltas por minutos y a una velocidad de 70 kilómetros por hora. Definitivamente no es un juguete, es un auto en serio. Y para armarlo usé el método más conocido: ensayo y error”, cuenta Tarallo.

 

Ese empecinamiento, por fin, dio sus frutos: logró armarlo, hacerlo funcionar. Pero con el auto listo, el desafío sólo iba en aumento: ¿y ahora qué? “No había pistas, no había ni nada. ¡No había gente con autos RC en Uruguay! No podía competir contra nadie. Pero no me iba a quedar así. Salí a buscar gente que tuviera algún auto. Los resultados fueron malos. Entonces, llamé al negocio donde mi mamá lo había comprado, en Miami”, dice.

En el negocio, no comprendían. ¿Por qué un adolescente necesitaba saber si le habían vendido un auto RC a alguna persona en Uruguay? “Para competir, para hacer carreras”, fue la respuesta de Tarallo. Ahí, desde el negocio de Miami, le indicaron que en Uruguay no tenían compradores. Pero que le habían vendido un auto a un argentino. Y le pasaron los datos del comprador.

Lo primero que hice fue llamar a esa persona. Yo quería correr carreras. Esa persona me comentó que había una pista que se llamaba Fénix y que quedaba a una hora de la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, me compré un pasaje, hice un bolso, agarré el autito y me fui a mi primera carrera. En Buenos Aires me quedé en la casa de mi tío. Fue una experiencia alucinante: la sensación de estar corriendo con 20, 30 autos más fue un flechazo. Yo ya estaba flechado pero esa carrera fue fundacional, algo increíble.  En la carrera, me pasaron el teléfono de una gente que tenía autos en Uruguay. Y me volví enloquecido y con un único objetivo: armar una pista en Punta del Este“, recuerda Tarallo desde Mallorca, donde también, cada vez que puede, despunta el vicio. Y, para su felicidad, puede seguido.

 

VI

 

Mal que le pese a los fanáticos de los autos RC a combustión, la llegada de los RC eléctricos en 1984, cuando Nicolás daba sus primeros pasos de vida en su Argentina natal, fue clave para el desarrollo de esta actividad que hipnotiza a miles de fanáticos alrededor del globo. Ese avance tecnológico (el RC10 de Team Associated, por entonces entonces Associated Electrics, fue considerado el primero de su grupo) permitió que la sofisticación de estos autos creciera de manera exponencial y dejaran su espacio de “hobby de culto” para convertirse en una expresión masiva.

La masividad trajo nuevas empresas interesadas en fabricar estos autos a escala y la excelencia fue cada año más importante a la hora de imaginar prototipos más confiables y más rápidos. Así comenzaron a surgir marcas que aún en la actualidad son de primera línea: Kyosho, Tamiya, Seiki, Mugen, Traxxas, Serpent y XRAY, entre otras, fueron volviéndose populares y objeto de deseo de los fanáticos.

El desembarco japonés en esta industria también fue clave. Kyosho y su expansión por todo el mundo hizo subir al hobby varios escalones. Así, lo que comenzó como un pequeño universo de unos pocos, se fue masificando y diversificando de manera exponencial. Las carreras de estos pequeños modelos se han vuelto uno de los pasatiempos más exitosos y excitantes dentro de un enorme grupo de fanáticos que se incrementa año tras año.

 

 

Actualmente, hay en buena parte de Europa, Norte y Sudamérica, Asia y Oceanía en las que corren más de 200 pilotos de unos 50 países. Y entre los pilotos más destacados se encuentran los españoles Robert Batlle -campeón mundial- y el jovencísimo Alejandro Pérez -que, con 14 años, fue el campeón más joven de su país y subcampeón de Europa-, los ingleses David Spashett -quien en en 1998 fue campeón mundial en tres categorías diferentes- y  Elliot Boots, los japonesess Kokushi Toge y Yuichi Kanai -hoy considerado uno de los más importantes diseñadores de RC y gurú mundial del hobby-, los hermanos -también españoles- Oscar y Bryan Baldo, el estadounidense Greg Degani, los italianos Maurizio Monesi y Marco Batuffolo, el argentino Santiago Meirinhnos y, entre los más recientes, Bruno Coelho, Naoto Matsukura, Shoki Takahata, Marc Rheinhard, Andy Murray, Milton Keynes y Jorn Neumann.

 

 

Por supuesto, no todos estos corredores participan de la misma categoría ni en la misma escala, ni con el mismo tipo de motores. Lo masivo suele diversificarse para seguir creciendo. Como las ballenas, como esos bellos cetáceos con los que Nicolás convivió desde pequeño en su hogar a lado del mar esteño, los pequeños RC si se detienen, mueren.

Y ni los autos a radiocontrol, ni Nico se han detenido. Ni se detuvieron ni se detendrán.

 

VII

 

No hay que perder de vista la edad: 15 años. No hay que perder de vista la pasión: Nicolás volvió a su casa de Punta Ballena decidido a hacer una pista pero todavía no tenía ni siquiera otros pilotos con los que competir. Pero en ese viaje, Tarallo ya lo tenía decidido: además de la pista, debía convencer a su amigo Miguel Sofía para que se comprara un auto RC. Si había convencido a su madre para que se lo comprara, todo era posible.

Tanto le rompí a Miguel, que se terminó comprando un auto y, además, fue mi coequiper para hacer la pista. Pero antes de hacerla, teníamos que conseguir el terreno“, cuenta Tarallo.

 

 

Y ahí fueron, por el terreno. En esos años, frente a la casa de Nicolás y Marisol en Punta Ballena, había un terreno no edificado, sin dueño aparente a la vista. Un terreno donde se podía hacer una perfecta pisa para autos RC 4×4. Sólo era cuestión de animarse. “Lo hicieron a pico y pala“, asegura Marisol y agrega: “Y muy lento porque el terreno era pedregoso y para acondicionar un metro de pista capaz se pasaban un día entero”. Después llegaron algunos auxilios: su padre el arq Ariel Tarallo Lapaitis suministro una pequeña excavadora, listones de madera para construir un andamio elevado para los pilotos, otros amigos que se sumaron a Nicolás y a Miguel. Marisol aportó plantas, banderas, y las simil  corona de laurel o lauréola  hechas de hojas de pittosporum y buena parte de la decoración.

 

 

 

Nosotros queríamos correr, queríamos competir, pero nadie organizaba una carrera. Nadie tenía en Uruguay una pista de autos RC todo terreno. El sueño era llegar a participar de un Mundial pero si no empezábamos corriendo en nuestro país, ¿cómo podíamos mejorar nuestro nivel? ¿Cómo podíamos crecer, aprender, evolucionar? Entonces ayudé a Nicolás a armar la primera pista, Zeus. Fue la primera de su categoría. La pista estaba sobre terreno arcilloso. Una tierra tan dura, que cada metro que agradábamos, eran horas de pico y pala. Tuvimos que remover rocas, cavar, levantar el terreno, realizar peraltes, rampas, etc. Gran parte del verano nos pasamos trabajando en la pista y soñando con cómo serían nuestras carreras“, recuerda Miguel Sofía.

 

Después de cavar al sol durante meses, por fin, Nicolás y Miguel tuvieron la pista. Lo que no tenían eran corredores. Y esos no se los conseguía cavando. Por eso, en las primeras carreras eran cinco autos. Pero eso no los desanimó. “Empecé a llamar gente de Montevideo, de Buenos Aires. Teníamos que ser más para que la competencia fuera importante”, dice Tarallo. “En cada competición se inscribían más pilotos. Primero 10, después 20, hasta que pasamos los 40 pilotos. Igual, no fue de un día para el otro. Llevó un tiempo. Pero, finalmente, llegamos a organizar carreras con pilotos de Argentina y Brasil, quienes viajaban a Uruguay sólo para competir en la pista Zeus”, cuenta Sofía.

 

 

Cuando conocí a Nico, él tenía unos 15 años. Él viajaba a Buenos Aires a competir, a correr carreras. Y un día nos contó que había armado una pista todo terreno enfrente de su casa, en Punta del Este. Nosotros no lo podíamos creer, era muy chico como para haber armado semejante cosa. Después, nos invitó a correr en Uruguay.

 

 

 Fuimos y cuando conocimos la pista Zeus entendimos que ese chico iba a conseguir las cosas que se propusiera“, dice el piloto argentino Pablo Cardín

 

 

 

Zeus se convirtió en la primera pista de RC todo terreno de Uruguay. Y carrera tras carrera se fue consolidando como lugar de encuentro, como santuario del hobby de los corredores de autos a radio control.

Un santuario con un líder laico. Y un padre y una madre orgullosos con quien había hecho de un sueño personal, un monumento a la alegría colectiva. No a la competencia. A la amistad. A la creatividad. A la vida.

 

 

VIII

 

 

Zeus es algo más que un lugar donde correr los autos. No hay hobby sólo con autos. Debe haber carreras. Debe haber encuentro. Debe haber comunidad.

 

Junto a la tecnología estuvo presente la competencia: de las carreras regionales, nacionales y mundiales se desprende la popularidad de este hobby. Armar y mantener un auto RC sin probarlo frente a otros pilotos tiene poco o casi ningún sentido.

El desarrollo y la masificación del hobby generó categorías, distintas escalas y eventos a nivel mundial que actualmente incluyen -como ya se dijo- competencias regionales, nacionales y mundiales. Los autos a radio control pueden tener distinto tipo de motor (eléctrico o a combustión), distintas escalas (que definen el tamaño en relación con el auto de calle), diferentes tracciones: 2 ruedas (2WD) o 4 ruedas (4WD) y, según el terreno donde corren, son on-road (pista) u off-road (todoterreno). Esto multiplicó el número de categorías y competencias, haciendo que se volviesen populares en todo el mundo.

 

 

En rigor, las diferentes escalas -que van de 1:4 a 1:16, siendo 1:8 y 1:10 las más populares- y las grandes diferencias entre los motores a combustión y eléctricos hacen que la historia de los autos a radio control se vuelva farragosa y, por momentos, aburrida. Y como estos tiempos ya no son analógicos, como cuando Nicolás le pidió a su madre que le comprara el primero de sus autos, lo mejor es que aquellos dispuestos a sumergirse en las cuestiones técnicas de los autos a radio control hagan su propia búsqueda en internet.

Sólo parece importante señalar los seis modelos más populares entre los aficionados. Los Off-Road Buggies que son simples y permiten andar sobre casi cualquier terreno. Los On-Road Cars que tienen una suspensión  mínima porque se utilizan sólo en superficies lisas de asfalto o pavimentadas. Los Monster Trucks que tienen grandes neumáticos y suspensión adaptada para correr en superficies en las que los buggies no pueden. Los Stadium Trucks, diseñados para saltar y golpearse, porque tienen amortiguadores sobredimensionados y grandes neumáticos. Y los Minis que, como su nombre lo indica, se caracterizan por su pequeño tamaño, pero poseen los mismos elementos que los otros modelos.

 

Video 20

 

Actualmente, en el mundo hay cuatro grandes bloques, según la organización de la Ifmar: Europa, Asia, Estados Unidos y Sudamérica junto con Sudáfrica y Oceanía. Las federaciones más importantes, además de la Ifmar, son Efra en Europa, Roar en América, Famar en África y Femca en Asia y Oceanía. Los campeonatos que se organizan son regionales, nacionales, continentales y mundiales. Cada día se suman más fanáticos y más páginas web que hablan sobre el deporte. Incluso, cada año se expande la popularidad del hobby gracias a los avances tecnológicos.

En los últimos años, debido a ciertos avances en el campo de la electrónica, se multiplicaron los micro RC. Se trata de escalas 1:28 o menores que cuentan con dos importantes ventajas: son baratos de mantener y  proporcionan grandes dosis de entretenimiento. Suelen funcionar con cuatro pilas recargables tamaño AAA y corren sobre moqueta o pista pintada.

 

 

Se trata de los Mini-Z de la marca Kyosho.

La franja de precios es enorme pero se venden algunos modelos para principiantes que rondan los 150 euros y son RTR (Ready to Run). Hoy, los 20 pilotos mejor ranqueados en el mundo cobran un importante sueldo por correr y son auspiciados por las marcas de autos más renombradas.

Hay mucho más sobre el hobby y los autos. Pero, como decíamos, para eso está Wikipedia. O el whatsapp de Nicolás, siempre dispuesto a contarte lo que ni siquiera en la web se puede encontrar.

 

 

IX

 

Una vez que empezamos a hacer carreras, empezó a crecer el hobby. Con Miguel queríamos hacerlo más profesional. Entonces, otro amigo inventó un programa que contaba las vueltas de los autos. El se llevaba la computadora y contaba las vueltas que dábamos. Ya para entonces éramos 10, 15 autitos. Y, cuando vinieron los argentinos, organizamos la primera Carrera del Río de la Plata. Éramos más de 40 autos en la primera edición. Con los años, esa carrera se terminó convirtiendo en un clásico del mes de enero. La Copa Río de la Plata era espectacular. Se llenaba de gente, incluso participó algún que otro brasileño“, recuerda Tarallo.

 

 

Zeus fue un ícono hecho a pulmón. Una muestra de carácter y de voluntad, de amistad y compañerismo. Ahí participaban todos: Marisol Nicoletti, los amigos de Nicolás, los vecinos. “En una de las primeras carreras con muchos autos, creo que fue en la primera edición de la Copa del Río de la Plata, invité a la prensa amiga, algunos periodistas de Punta del Este y otros de Buenos Aires que estaban cubriendo la temporada.  Si no me equivoco, fue en el año 1997. Y ocurrió algo inesperado: la gacetilla la leyeron en una radio, el domingo era de un sol maravilloso. Cuestión, se llenó de gente y de prensa. Algo inesperado y hermoso“, recuerda Marisol Nicoletti.

 

 

Pero los años de Zeus se iban a terminar. Los dueños del terreno donde estaba emplazada exigían que se levantara la pista. Faltaban pocos días para una nueva edición de la Copa del Río de la Plata. Hubo que hacer un esfuerzo enorme para convencerlos que esperaran unos días, que se corría la carrera y levantaban todo. Después de varias charlas y de la invitación rigurosa y formal a la competencia, accedieron. Y así se corrió la última edición de la Copa del Río de la Plata en la pista Zeus.

 

 

 

Hoy esta competencia continúa realizándose en la pista de San José.

Unos pocos días después de esa última carrera en Zeus, llegó la desazón: alguien había irrumpido en la pista por la noche y se había llevado todo en un camión: arreglos, tablones, andamios, rampas.

 

 

Así terminó la historia de Zeus, de una manera poco feliz. De un modo que, seguro, no merecía. Pero que, como toda semilla pródiga, renacería en frutos más abundantes y maravillosos.

 

Lo que empezó como un sueño adolescente frente a un kiosco de revistas, y tuvo su primer templo en Zeus después, tuvo luego en la pista del Fortín -donde se gestó AUDARO- otro gran referente. Y actualmente hay clubes importantes como CUDA y RC Uruguay y pistas históricas como San José y Canelones. Y, también en Maldonado, la hoy considerada mejor pista de Sudamérica y una de las 10 mejores del mundo, Tico Tico.

La semilla que plantó Taralló, floreció. La memoria de Zeus ha sido honrada. Maldonado es el templo de la pasión por los autos a control en la América del Sur.

 

 

 

En Europa, precisamente en España tuvo su primer contacto en una pista internacional. Fue en Madrid donde en un tablero dejo su tarjeta como recuerdo de su paso entre muchos pilotos. Meses  después sus colegas de pista Fenix la encontraron

 

X

 

El siglo XX se terminaba. A la vuelta de la esquina estaba el mundial de RC en Estados Unidos, en Las Vegas. Entonces, en lugar de quedarse penando por Zeus, Tarallo se convenció -y convenció a los demás- de que era hora de subir de nivel: había que armar una asociación uruguaya de RC para competir en pruebas regionales y nacionales y clasificar para el mundial. Ese fue el siguiente objetivo. Y otra vez Nicolás se puso como meta algo que, a primera vista, parecía imposible: competir en el mundial Las Vegas 2000.

Tenía algo más de un año para lograrlo. Pero no sencillo ni mucho menos.

El objetivo era difícil, una vez más. Pero su fuerza de voluntad inagotable otra vez le ganaría al pronóstico de cualquier incrédulo.

Tarallo tenía, antes que nada, que fundar una asociación de autos RC uruguaya, después tenía que lograr clasificar entre los tres primeros para ir al mundial y, por último, convencer a su madre de viajar a Las Vegas para participar de la competencia.

Pero primero lo primero. “En Canelones, cerca de Montevideo, logramos tener una nueva pista”, dice Sofía y agrega: “La pasión por el hobby fue creciendo en todo el país y así nació la primera asociación de coches radiocontrolados de Uruguay“.

 

 

Con la primera asociación, uno de los objetivos estaba cumplido. Ahora, había que ganarse el pasaje en la pista, clasificando entre los tres primeros a nivel nacional. La primera asociación uruguaya se llamó ADARU y Nicolás terminó siendo campeón de su categoría, los todoterreno 1/8.

 

 

Entonces, faltaba posiblemente lo más difícil: convencer a Marisol Nicoletti que lo llevara al mundial de Las Vegas. Otra vez la escena original de la compra del primer auto. Otra vez la misma estrategia: insistir hasta el cansancio. Pero esta vez, para sorpresa de Nicolás, Marisol accedería casi de inmediato. Nico se lo había ganado, no tenía ya nada que demostrar.

 

 

Y así, se fue a participar de su primera experiencia internacional.

“En Las Vegas yo descubrí que había otro mundo en el universo de los autos a radio control. Había pilotos que cobraban 50 mil dólares por correr y cada uno tenía como 15 mecánicos que trabajaban en sus autos. No lo podía creer. Y también vi la diferencia entre esos pilotos y los chicos con los que fuimos. Nosotros, argentinos y uruguayos, íbamos detrás de los pilotos más importantes y de sus mecánicos porque ellos cambiaban repuestos casi nuevos y los tiraban mientras que nosotros juntábamos esos repuestos, le pasábamos un pincelito para quitarle el polvo y los chicos los ponían en sus autos. De tanto hacerlo, eso de ir juntando descarte, los pilotos después les terminaban regalando las cubiertas“, cuenta Marisol.

 

 

En Las Vegas, además de competir, Tarallo conoció a dos pilotos de los que terminaría siendo amigo: el japonés Yuichi Kanai -actual gurú del hobby y diseñador de los autos de la marca Kyosho- y el estadounidense Greg Degani.

 

 

 

A la vuelta de Las Vegas, el nuevo objetivo de Tarallo estaba claro: había que hacer un Mundial en Uruguay. Y, de ser posible, en Punta del Este. Había que colocar a Uruguay en el universo de los autos a radio control.

Otro imposible. ¿Otro imposible?

 

 

XI

El sueño del Mundial no era nada fácil. Por un lado era necesario establecer un fuerte vínculo con la IFMAR, la asociación internacional de los autos RC y la organizadora de los eventos internacionales. Por el otro, encontrar la manera de tender un puente con las autoridades Departamentales de Uruguay y explicarles la importancia de un evento de esa magnitud. Y todavía Nicolás no había terminado el colegio secundario.

Y, eso, el colegio secundario, comenzaría a jugarle en contra. “Lo quería matar. Se estaba llevando cinco materias y no quería estudiar, ¡quería organizar un Mundial de autos RC!”, recuerda Marisol, su madre.

 

Mientras la actual asociación uruguaya (AUDARO) organizaba el primer sudamericano del país, Tarallo seguía empecinado con el próximo Mundial. Y para eso contaba con algunas buenas cartas: su amistad con Greg Degani -quien se consagraría campeón y, durante su estancia en Punta del Este, viviría en la casa de Nicolás- y con el japonés Kanai.

AUDARO se interesó en la propuesta y así se comenzó a armar el primer Mundial uruguayo de autos RC. Hubo que convencer a intendentes, establecer una logística para los pilotos y mecánicos, entablar relación con la prensa especializada de todos los países, buscar las mejores opciones donde emplazar las pistas. Una movida que involucró a más de 200 pilotos a los que hay que sumarle mecánicos, asistentes, autoridades, equipos técnicos, periodistas. Eso, sin contar al público.

En todo estuvo Nicolás. En todo, menos en el estudio. “El plan era que, una vez terminado el secundario, Nico se iba a ir a estudiar diseño a Londres. Y si se llevaba muchas materias y no las rendía, el plan estaba destinado al fracaso. De verdad, no tengo muchos recuerdos del Mundial porque mis preocupaciones pasaban por otro lado, por sentarme por las noches a estudiar con él para que aprobara las materias. Finalmente, el Mundial se hizo, él aprobó las materias y al año siguiente se fue a estudiar a Londres. Pero durante unos cuantos meses yo no quería saber nada con los autos RC, sólo quería que estudiase”, resalta su madre.

Hay una anécdota que sí recuerda Nicoletti: “Una mañana, a eso de las seis, escucho a un hombre gritando en la puerta de casa. ¡Nicolás, Nicolás!, gritaba con una fonética claramente extranjera. Hacía uno o dos días que había terminado el Mundial y, como Greg Degani había parado en casa, me imaginé que era otro participante que estaba buscando a Nico o a Degani. Me asomo y veo a un oriental que agitaba las manos.  Era Yuichi Kanai quien, antes de irse de Uruguay, quería regalarle a Nicolás el auto con el que había salido campeón en Las Vegas. La verdad, fue emocionante. Pero yo no me emocioné mucho en ese momento porque todavía tenía un hijo con materias no aprobadas y sin título secundario. Ahora, muchos años después, no puedo dejar de admitir que fue un gesto enorme del japonés y una emoción del mismo tamaño que el gesto“, dice, ahora relajada y entre risas, Marisol.

 

El Mundial se corrió en una pista armada en el aeropuerto El Jagüel, en Punta del Este. Y Tarallo participó, una vez más, representando a Uruguay. Porque siempre, pero siempre, el fin era correr, divertirse, hacer amigos. Una pasión que se lleva adelante rodeado de amigos. Casi una fórmula modesta de la felicidad.

 

XII

 

Gustavo Alberdi, el “Colo”, es un referente del deporte, y uno de esos amigos infaltables en la mesa de los afectos de Nicolás.

Alberdi tiene en Buenos Aires un show room de autos RC, algo que comenzó como parte del hobby y hoy es un negocio en marcha y a buena velocidad. Sus productos se venden -otra vez de la mano de Tarallo- en Uruguay, especialmente en la actual pista top del país, Tico Tico, ubicada en Punta del Este y propiedad del actual campeón uruguayo, el natural de Mónaco Stephane Ganet.

 

 

“A Nico lo conozco desde 1997, era un nene. Yo formé parte del grupo de argentinos que peregrinábamos cada verano a Punta del Este para participar de la Copa Río de la Plata. También fuimos juntos al mundial de Las Vegas. Entre argentinos y uruguayos éramos una delegación de unas 20 personas. En ese Mundial, la pasamos bárbaro. Y, cuando terminó, Nico me dijo que su próxima meta era armar un Mundial en Uruguay. Yo no lo podía creer pero ya no me sorprendía tanto porque ese nene había construido una pista todo terreno en Punta del Este. Nicolás es un emprendedor. Un tipo que siempre está contento, que no se rinde jamás. Así que, cuando me lo dijo, lo único que me tocaba hacer era apoyarlo. Y lo logró: armó su Mundial. Dos años después de Las Vegas, el mundial se corrió en Uruguay y el deporte le debe eso a Nico. No sólo introdujo el radio control en su país, sino que organizó un Mundial“, dice, enfático.

 

 

 

Para Nico, lo más importante, no son los éxitos. Su verdadero trofeo, el más importante, es haber hecho de esto hobby un justificativo para cultivar un tesoro más preciado: sus amigos.

Fui campeón uruguayo dos veces de chico y una subcampeón, logré un 5to. puesto en un sudamericano y participé en dos Mundiales. Pero sobre todo corrí muchísimas carreras. Lo más importante es la cantidad de amigos que hice en todo el mundo. Y eso es lo grandioso de este deporte: cuando empecé tenía 14 años y había personas de 38. Ahora tengo 38 y hay personas de 14 corriendo. Es muy divertido porque, por lo general, los más chicos son quienes suelen ganar. Gracias a los RC, tengo amigos en Argentina, España, Brasil, Chile, Japón, Portugal, Estados Unidos. Es una pasión porque es súper divertido correr“, enumera y señala Tarallo.

 

 

 

Velocidad y amigos. Encuentros que derivan en asados, en risas,, en mensajes de whatsapp enviados sin tener en cuenta los husos horarios. Un mundo que gira en una pista virtual que abarca buena parte del planeta y cuenta con fanáticos en los cinco continentes.

El Colo Alberdi dice: “Hoy seguimos siendo amigos. Nico todavía me sigue aguantando y yo a él, lo que nos es poco. Hace poco, antes de que se fuera a Mallorca, vino a correr a Buenos Aires, a una pista de Carlos Casares”.

 

 

Porque eso genera el hobby/deporte de los autos RC: amistades de décadas y siempre las ganas de dar una vuelta más.

XII

Si de amigos se trata, el dueño de Tico Tico, el monegasco Stephane Ganet, quien es también en la actualidad el campeón uruguayo en RC 4×4, es otro de ellos. Uno los grandes amigos (y admiradores) de Nicolás. Y así lo describe, en un e-mail, que merece reproducirse intacto:

 

“Después de toda una vida de hobby en Europa, viviendo en este paraíso que es Punta Del Este… solo faltaba una cosa. ¡Seguir con mi pasión acá! Encontré un terreno para empezar con lo que es ahora Tico Tico… Enseguida de encontrar el terreno, encontré mucha gente relacionada con el hobby, que aportaron y ayudaron mucho para concluir el proyecto.

Pero de todas esas personas hay una que se destaca, Nicolás. Y fue así desde el primer día. Nicolás define a la perfección la pasión por este hobby. Él vive y respira esta pasión como pocas otras personas que he conocido en mi vida de hobbista. ¡Y vaya que conocí gente en un poco mas de 35 años de esta hermosa pasión!

 

Nicolás no solamente es un gran campeón, un gran piloto,  un gran mecánico, un referente del hobby en Uruguay desde toda una vida. Nicolás es también espíritu positivo, es ganas de aprender, ganas de enseñar, ganas de ayudar.

 

 

 Si hubiera un Campeonato Mundial de Apasionados del Automodelismo sin lugar a dudas Nico tendría ya varias coronas sobre su cabeza. Si hablás con otro hobbista sobre Nicolás en distintos países del mundo pasan dos cosas: seguro, lo conoce y seguro también comienzan a llover anécdotas. ¡Un diluvio de anécdotas!

Ya van para muchos años que con Nico nos pasamos tardes enteras en la pista, noches “mecaneando” y, obviamente, haciendo asados… desde 2012 casi no pasa un solo día sin que hablemos de nuestra pasión, Estoy escribiendo estas líneas y hace sólo 5 minutos hablé con él que estaba, cómo no, girando en una pista de Mallorca.

Este hobby puede significar muchas cosas. Pero como ocurre en otras muchas actividades, lo más importante es la parte humana.

 

 

 

Y conocer a un ser humano como Nico gracias a este hobby fue un gran regalo. Hoy puedo decir que tengo un gran hobby y, gracias a este gran hobby, tengo un gran amigo. No puedo pedir más. Soy feliz de poder decir «Nicolás es mi amigo»”.

 

 

XIII

El filósofo alemán Friedrich Nietzche afirmaba: “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”. En esa búsqueda, muchos fracasaron. En esa búsqueda, muchos siguen fracasando. Ocurre que es difícil guardar la pasión, el amor desinteresado y la concentración que requiere un juego cuando el tiempo corre en contra y los años se acumulan en la mochila de cada persona.

 

Algunos, sin embargo, logran cumplir con la premisa nietzcheana, a pesar de las circunstancias, de los inconvenientes, de las necesarias y también de las innecesarias responsabilidades que a cada ser humano le tocan en suerte o en desgracia. Nicolás es uno de ellos.

Sigo practicando siempre que puedo. Hay carreras en todo el mundo, estar aquí o en otro país no es un problema . Siempre encuentro pistas, clubes y campeonatos en los que participar. Y allí se conoce muchísima gente, de todos lados. Y terminás haciendo amigos de todo el mundo“, sintetiza Tarallo, con la misma humildad y alegría, con las que logró contagiar su pasión a su compañera, Inés, convertida por decisión propia en nueva mecánica de su team.

 

 

 

El año pasado, luego de algunas idas y venidas que datan de 2017, se estrenó la película “Flying Cars”. La historia no importa, tampoco las actuaciones ni el manejo de cámara. Lo verdaderamente importante es el núcleo del relato, el disparador. Y ese disparador son los autos RC. Así de popular –al punto que Hollywood lo leyó para hacer de él una historia taquillera- es hoy en el mundo este deporte/hobby. Así de trascendente es lo que logró el empecinado niño/adolescente Nicolás Tarallo a partir de una foto que vio en una revista exhibida en un kiosco de diarios de su ciudad..

Hoy Nicolás reparte su vida entre Punta del Este, Buenos Aires y Mallorca.

 

 

Su trabajo como director de Home Mallorca y de Punta del Este Internacional lo convocan a diario. Pero ya sea en Punta del Este, en Buenos Aires o en Mallorca, encontrará una pista para dar una vuelta más con su todo terreno 1/8. Mientras trata de clasificar para lograr competir en su tercer Mundial que se celebrará este 2020 en Brasil, Covid 19 mediante, Tarallo se acerca a buena marcha a su cuarta década de vida.

 

 

Lo hace con la seriedad con la que juegan los niños. Imaginando, como imaginan los niños, cómo será ganarle alguna vez una carrera al viento. Con la madurez esa que, ha insinuado Nietzche, nos hace a los hombres más humanos.

Y lo imagina sin saber siquiera que, para su madre, para sus amigos, para el mundo de los autos a radio control, ya lo logró.

 

 

 

 

 

Bibliografía

La vida cultural del automóvil. Rutas de la modernidad cinética. Guillermo Giucci, Editorial UNQ.

Más allá del bien y del mal (1886), Friedrich Nietzsche

Revista Racing Circuits, Julio/agosto 1977

Flying Cars (Escrita y dirigida por Dave Hill, Estados Unidos. 2019)

www.brightsofnettlebed.co.uk

www.prohobbysradiocontrol.net

www.inforc.net

www.ifmar.org

www.efra.ws

www.femca-rc.com

www.roarracing.com

www.audaro.com.uy

https://es.wikipedia.org/wiki/Autom%C3%B3vil_teledirigido”>wikipedia.org/wiki/Automovil_teledirigido