Gilberto Scarpa: adiós al hombre que hizo historia con sus fiestas

El empresario brasileño murió a los 87 años. Desde La Pinduca, su casa en Beverly Hills, convirtió a Punta del Este en escenario de celebraciones que marcaron los años noventa. La noticia llegó a nuestra redacción por un correo de su yerno, cuando su muerte aún no había trascendido en los medios que consultamos.

Por Marisol Nicoletti
Todo comenzó con un correo inesperado, en respuesta a uno de los newsletters que Punta del Este Internacional envía regularmente a sus más de 130.000 seguidores, muchos de ellos en Brasil. Marcos Lima Vaz, en un breve mensaje en portugués, nos pedía informar “a os queridos amigos uruguaios” sobre el fallecimiento de su suegro: Gilberto Scarpa, el anfitrión de las fiestas más glamorosas de la Punta del Este de los años noventa.

La noticia me desconcertó: ¿cómo era posible que la muerte de una figura como Scarpa, ocurrida cuatro días antes, el 13 de setiembre de 2026, no hubiera ocupado una tapa ni siquiera un mínimo espacio en los principales portales de noticias, las redes sociales o los programas de televisión especializados?

El empresario brasileño que cada verano reunía en su residencia esteña La Pinduca a personalidades como Catherine Deneuve, Gina Lollobrigida, Pelé, Mirtha Legrand, Antonio Banderas, Melanie Griffith, Franco y Mauricio Macri, Jorge Pacheco Areco y Jorge Batlle parecía haberse marchado en absoluto silencio.
Evité la tentación de dar por cierta una noticia que, además, nadie desea recibir. Las noticias falsas, el spam y los robos de identidad nos obligan, a quienes ejercemos la comunicación, a extremar la responsabilidad.

Para corroborarla, recurrí, por supuesto, al número desde el que Scarpa se había comunicado conmigo la última vez. Quería conversar sobre su proyecto de un documental para Netflix acerca de los secretos de sus icónicas celebraciones. Yo las conocía bien: había participado en ellas y soy la autora de la única obra que las registró con testimonios y fotos exclusivas.
Como es obvio, no obtuve respuesta a mi llamada. Antes de volver a consultar a su yerno, mediante una búsqueda exhaustiva con ayuda de mi asistente digital Kai de Open IA llegamos a la única huella pública que existía hasta ese momento sobre su fallecimiento: su nombre, con sus datos precisos y la fecha indicada por su familiar, en un registro de defunciones reproducido por el portal Hora Campinas.

La desproporción resultaba difícil de comprender. Un hombre capaz de organizar algunas de las celebraciones más extraordinarias que conoció Punta del Este —fiestas a las que llegaban invitados desde Europa, Estados Unidos, Brasil, Argentina y Uruguay, y por cuyas invitaciones la sociedad de entonces se disputaba un lugar— había quedado reducido, al final de su vida, a unas pocas líneas en el servicio funerario de una ciudad brasileña.
Ese silencio abrió de golpe el archivo de la memoria. Volvieron las imágenes de aquellos veranos, los jardines de La Pinduca iluminados como un escenario, la orquesta, los vestidos, los políticos, los empresarios y una sociedad que todavía convertía cada temporada de Punta del Este en un acontecimiento.
Volvieron también las crónicas que llevaron esas fiestas a otros países. Entre quienes las contaron estuvo Gabriel González, entonces periodista y editor de la revista Viva, que cubrió las celebraciones y entrevistó a Gilberto Scarpa. Las páginas reunidas en la imagen siguiente muestran hasta dónde llegó aquella repercusión.

Volvió también mi propia historia: la de una joven corresponsal de la revista Caras que debía observarlo todo, hablar con todos y contar desde adentro una época en la que recibir una invitación de Gilberto Scarpa significaba ingresar, aunque fuera por una noche, en el centro mismo de una escena que trascendía Punta del Este y atraía a celebridades de todo el mundo.
Esta es la historia que quiero contar. Y comienza, como suelen empezar las historias que creíamos terminadas, por el inapelable final cronológico de una vida.
Alguien que se va y que reaviva en nosotros la memoria de lo que alguna vez fuimos o creíamos ser. Lo que nos motivó, deslumbró. Experiencias irrepetibles, postales inolvidables y, también, enseñanzas.

La muerte de Gilberto Bálsamo Scarpa me llevó de regreso a la Punta del Este de los años noventa, cuando una fiesta privada podía concentrar durante días la atención social y periodística del Río de la Plata.
En aquel escenario, su nombre quedó asociado a La Pinduca, la residencia de Beverly Hills donde desplegó una particular manera de recibir, rodeado de artistas, empresarios, políticos, modelos y figuras internacionales.
Nacido en Sorocaba, en el estado de São Paulo, creció en una familia humilde de origen italiano y construyó su fortuna en la industria de los envases plásticos y los embalajes para grandes marcas de bebidas. Llegó a reunir quince empresas y más de cinco mil empleados.
A los 24 años se casó con Nilza Maria Pary, con quien tuvo tres hijas: Roberta, Katia y Lisa. Años después conoció a Henriqueta Maria de Magalhães, con quien fue padre de Gilberto y Carmina.
Punta del Este y el nacimiento de La Pinduca
Conoció Punta del Este en 1985, cuando tenía 47 años, durante un viaje con familiares y amigos. En esa primera visita se alojó en el Hotel San Rafael y decidió regresar en los veranos siguientes.
La pareja alquiló primero La Dalmacia y luego La Normanda, hasta que compró una casa de dos plantas sobre la avenida Fernando de Aragón, entre Salt Lake y Louvre.
El salón de La Pinduca, la casa de Gilberto Scarpa en Beverly Hills, reunía sofás claros, sillones de madera tallada, alfombras y arreglos florales. Por los ventanales entraba la luz del jardín donde se celebraron grandes encuentros sociales y su última gran fiesta. Después llegaron las medidas judiciales: se embargaron bienes de la casa y la propiedad cambió de manos. Hoy, reformada, se alquila para alojamiento y eventos. La cuenta actual de La Pinduca anuncia hospedaje y eventos.
La propiedad, levantada en un terreno de cinco mil metros cuadrados y rodeada de amplios jardines, recibió el nombre de La Pinduca, una expresión afectuosa brasileña que podría traducirse como “querida”, “cariño” o “mi vida”.

La primera reunión se realizó en enero de 1992 y fue concebida como una cena con mariachis y jazz para unas treinta personas. Entre los asistentes estaba Mariano Mores, a quien el anfitrión admiraba porque su padre, Carmino, era un apasionado del tango.

Durante la noche, alguien comentó que Pelé se encontraba en el balneario y quería sumarse. O Rei llegó acompañado por unas cuarenta personas, un episodio imprevisto que modificó la dimensión de la cena y anticipó lo que sucedería en los años siguientes.

En 1993 se organizó otro encuentro, esta vez con sesenta comensales inicialmente previstos. Después de la cena irrumpieron cincuenta integrantes de la escola de samba Bafo da Onça y la celebración terminó trasladándose al casino del Hotel Nogaró.

Las mil y una noches
En enero de 1994 llegó la primera producción temática de gran escala: Las mil y una noches. Una carpa de 850 metros cuadrados fue instalada en los jardines y ambientada como una tienda bereber, con tapices persas, lámparas, manteles de brocato, plumas, turbantes y un arco de fuego en el ingreso.
Los dueños de casa recibieron a 250 personas vestidos como Aladino y la princesa Jazmín. La organización estuvo coordinada por el relacionista público Alfredo Etchegaray, mientras veinte músicos de la Orquesta de Cámara del Sodre acompañaron la velada y la bailarina Fairuz protagonizó uno de sus momentos centrales.
Numerosos asistentes llegaron desde Brasil en aviones privados. También participaron figuras uruguayas y argentinas vinculadas con la política, el espectáculo, la moda y el mundo empresarial.

Se intentó sumar un elefante perteneciente a un circo cercano, pero la función terminaba después de la medianoche y el animal no pudo llegar.

Antes del amanecer, los presentes recibieron una edición especial del diario La Razón, todavía impreso en formato sábana, cuya portada estaba dedicada a la fiesta. Los ejemplares habían sido producidos contrarreloj desde una redacción montada especialmente en Punta del Este.

La Noche Tropical
El 21 de enero de 1995, La Pinduca dejó atrás la ambientación de Medio Oriente y se transformó para La Noche Tropical.
Unas 250 personas participaron de una reunión inspirada en las playas hawaianas, con una vestimenta más distendida y una fuerte presencia de personalidades habituales de la temporada.
La música, el baile y la puesta en escena volvieron a colocar la residencia en el centro de los comentarios, pero la escala de la producción crecería todavía más al año siguiente.
La Noche de los Sueños

La celebración de 1996 nació de una promesa. Cuando la pareja había comenzado su relación, el divorcio todavía no estaba legalizado en Brasil y no habían podido realizar una boda formal. Él le aseguró que, al cumplir veinte años juntos, organizaría una gran fiesta en la que ella podría vestir de blanco y lucir sus joyas.

La preparación llevó cerca de dos años. Alfredo Etchegaray organizó la fiesta, mientras que Jorge Ordeix dirigió la prensa.

Se cursaron alrededor de mil invitaciones y la confirmación debía enviarse por fax. Según recordaría más tarde el empresario, participaron 654 personas, cien de ellas procedentes de Europa y Estados Unidos.

Durante varias semanas se transformó la residencia. Una carpa transparente de más de 1.700 metros cuadrados, transportada desde Brasil en numerosos camiones, fue instalada sobre la piscina.

El montaje llevó más de un mes y el piso de cristal permitía observar el agua debajo.

Llegaron decenas de miles de flores. La vajilla estaba grabada en oro con las iniciales del matrimonio y se dispusieron cubiertos de plata, cristalería fina, caviar, langostas y champán Cristal. El código de vestimenta indicaba esmoquin para los hombres y traje largo para las mujeres.

La organización requirió alrededor de quinientas personas, entre recepcionistas que hablaban varios idiomas, personal de seguridad, maîtres y camareros bilingües.



La actuación principal estuvo a cargo de una gran orquesta de tango del maestro Mariano Mores, y más tarde la música continuaba. La madrugada terminó con consomé y desayuno.

Años después, el dueño de casa aseguró que la producción había costado cuatro millones de dólares.

La cifra fue discutida y repetida hasta convertirse en parte del relato, pero la dimensión del acontecimiento no dependió solamente del dinero invertido: durante semanas, conseguir una invitación se volvió una obsesión para parte de la sociedad y de los medios que cubrían la temporada.

De la cobertura periodística al libro
Después de realizar varias entrevistas comprendí que aquel universo de celebridades, producciones y repercusión pública merecía convertirse en un libro.
Era un fenómeno social que debía ser documentado para las generaciones futuras y, en 1994, le propuse a Scarpa contar su historia.

El proyecto comenzó durante el apogeo de aquellas reuniones y adquirió su forma definitiva después de la última. Su protagonista aceptó relatar lo que sucedía detrás de escena: las negociaciones con los famosos, las invitaciones, las ausencias, los pedidos insólitos y numerosos episodios que no habían llegado a los medios.
Así nació Gilberto Scarpa, la otra cara de las fiestas, publicado por Mar y Sol Ediciones. Como editora, concebí y dirigí el proyecto, organicé y compaginé el contenido y participé en la selección de las imágenes. El diseño gráfico estuvo a cargo de Vera Toquetti y el texto fue revisado por Mariana Fusarium.
Entre las anécdotas recogidas aparece la ocasión en que un representante de Diego Maradona comunicó que el futbolista quería concurrir. Como esa noche debía jugar con Boca Juniors en Mar del Plata, habría solicitado un avión para trasladarse a Uruguay, una música especial para ingresar bailando y otras condiciones que finalmente hicieron imposible su presencia.
También quedó registrada una conversación con Pelé, quien habría recibido una propuesta vinculada con la familia Kennedy para impulsar su candidatura a la presidencia de Brasil. Sin embargo, el exfutbolista tenía otra aspiración: quería presidir la FIFA.
Después de la fiesta
La Noche de los Sueños cerró aquella etapa. Más tarde llegaron los problemas fiscales y empresariales en Brasil, los embargos, la venta de La Pinduca y el final del matrimonio con Henriqueta. El mundo construido alrededor de la residencia comenzó a desarmarse.
En 2011 enfrentó la muerte de su hijo Gilbertinho, modelo y conductor de televisión, quien se quitó la vida a los 27 años. Sus amigos comentaban que nunca logró recuperarse por completo de aquella pérdida.
Durante sus últimos años vivió en Campinas cerca de San Pablo, alejado de los negocios y de la exposición mediática. Pasaba sus días escuchando música, mirando fútbol y recordando una etapa en la que su nombre había estado estrechamente relacionado con los veranos esteños.
Cuando se apaga el brillo
Al hojear aquel libro resulta inevitable advertir el paso del tiempo. Muchos de quienes aparecen en sus páginas han muerto, otros siguieron caminos diferentes y numerosos matrimonios que entonces posaban juntos terminaron separándose.
La obra terminó contando mucho más que la biografía de su protagonista: se convirtió en el retrato de una sociedad que, bajo las luces de aquellas noches, parecía destinada a durar.
A la distancia, las flores importadas, las joyas, las copas de cristal y las etiquetas de champán se nos revelan como ensueños cuya entidad se desvanece. Resulta difícil ser indulgentes con aquellas guerras sordas por pertenecer, esas quiméricas divisiones entre quienes consiguieron una invitación y quienes quedaron afuera.

La etiqueta del alma recomienda a quienes hemos sido huéspedes de su casa, compartido sus diálogos y participado en sus celebraciones acompañar la despedida de Scarpa con una agradecida visita a su memoria.
No es hora de juicios ni prejuicios: la fugacidad de la vida tiene demasiadas preguntas para cada una y cada uno de nosotros como para perder el tiempo en ensalzar o demonizar a quienes nos dejan en silencio.
La carpa fue desmontada, la casa cambió de dueño y la sociedad que esperaba cada verano un nuevo acontecimiento se transformó. Sin embargo, quedaron las páginas que reúnen las palabras, las imágenes y las contradicciones de aquel período.

Cuando el brillo se apaga y sus protagonistas se van, los libros son quizá la forma más humana de vencer por un tiempo al olvido. Será por eso, tal vez, que el anuario coleccionable Punta del Este Internacional, que fundé y he editado durante veinticinco años consecutivos, se cataloga como revista, pero por formato, volumen y hasta aroma es, de hecho, un libro.

Gilberto Scarpa, la otra cara de las fiestas, a tres décadas de su primera edición, es un libro que hoy adquiere una dimensión especial. El prólogo de Julio A. Ramos, fundador de Ámbito Financiero y fallecido en 2006, incluye una reflexión que merece ser desempolvada: “La fiesta es efímera. Un parpadeo, como existir, con el ensueño de que su breve transcurso sea feliz”.
De la A a la Z: 100 VIP de las fiestas de Scarpa
Una selección de personalidades que participaron en las celebraciones de La Pinduca y quedaron asociadas a aquella etapa de la vida social de Punta del Este:
Giorgio Alliata di Montereale; Manuel Antelo; Dolores Barreiro; Jorge Batlle; Gino Bogani; Evangelina Bomparola; Graciela Borges; Jorge Bornhausen; Adriana Brodsky; Andrea Bursten; Teresa Calandra; Adolfo Cambiaso; Zoilo Cantón; Daniela Cardone; Gloria César; Paula Colombini; Alejandro Cordero; Eduardo Costantini; Teté Coustarot; Laetitia d’Arenberg; Rodrigo d’Arenberg; Cecilia de Bocourt; Carola del Bianco; Patricia Della Giovampaola; Ada de Maurier; Paula de Mora; Francisco de Narváez; Catherine Deneuve; Pancho Dotto; Alfredo Etchegaray; Mariana Fabbiani; Fairuz; Carlos Fontán Balestra; Katya Fuks; Mora Furtado; Eduardo Gattás; Roberto Giordano; Moira Gough; Alejandro Gravier; Natalia Graciano; Alexandre Grendene; Mariano Grondona; Pancho Ibáñez; Daisy Krieger Vasena de Chopitea; Claudio Lanzetta; Karina Laskarin; Mirtha Legrand; Gina Lollobrigida; María José Lovrich; Franco Macri; Mauricio Macri; Fernando Marín; Elsa Martinelli; Valeria Mazza; Isabel Menditeguy; Ana María Mestre; Patricia Miccio; Mariano Mores; Chino Moro; Sofía Neiman; Aníbal Pachano; Jorge Pacheco Areco; Mónica Parisier; Pelé; Piero; Pinky; Ricardo Piñeiro; Rolando Pisanú; Ivo Pitanguy; Teddy Pueyrredón; Karina Rabolini; Florencia Raggi; Julio Ramos; Cristiano Rattazzi; Ginette Reynal; Federico Ribero; Julia Rodríguez Larreta; Gigí Ruá; Ana Sans; Gastón Satragno; Daniel Scioli; Elsa Serrano; Henry-Jean Servat; Gerardo Sofovich; Carlos Spadone; Lorenzo Spadone; Silvana Suárez; Dewi Sukarno; Maya Swarovski; Marcela Tinayre; Susana Traverso; Daniela Urzi; María Vázquez; Pata Villanueva; Gunilla von Bismarck; Ira von Fürstenberg; Carmen Yazalde; Juan Bautista “Tata” Yofre; Roxana Zarecki y Cecilia Zuberbühler.
Videos de la fiestas de Scarpa «La noche de los sueños»
Hay imágenes que no solo registran una fiesta: guardan una época. Volver a ver la llegada de los invitados a La Noche de los Sueños es abrir una puerta al pasado y revivir un instante irrepetible en la historia de Punta del Este. Entrá al enlace y sé testigo de aquella noche.

Parte 1 http://www.youtube.com/watch?v=PR-3lOj6Qh4
Parte 2 http://www.youtube.com/watch?v=QgP2yiZjjrY
Parte 3 http://www.youtube.com/watch?v=VLad86U0Yeg
Parte 4 http://www.youtube.com/watch?v=JcHETpfboqQ
Parte 5 http://www.youtube.com/watch?v=djfHLBlZIjc






















































