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Turismo y Opinión

Un cuento de las Mil y Una noches

Conocida actualmente por ser la playa céntrica preferida de los surfistas, su nombre tiene una historia que mezcla príncipes, diplomacia, libros, medios de comunicación, sentencias de muerte y luchas políticas. Y un  Emir de carne y hueso que se enamoró de Punta del Este y construyó su casa frente al mar.

La playa El Emir, ubicada en pleno centro esteño -a dos cuadras de avenida Gorlero y de la Feria de los Artesanos- es una de las preferidas por los surfistas. De aguas profundas y olas grandes, no es muy propicia sin embargo para los turistas que sólo buscan un chapuzón en el mar y la bendición del sol. Pero a principios del siglo XX era una de las más visitadas en la entonces incipiente ciudad balnearia. Su caída en desgracia tuvo que ver con, por un lado, la expansión de la ciudad y, por el otro, con la construcción de la Rambla de Circunvalación, que le quitó espacio y arena. Hoy, fuera de los surfers, no es muy frecuentada salvo como paseo turístico para ver los restos del naufragio del buque carguero Santa María de Luján que todavía pueden observarse sobresaliendo entre las olas.

El nombre de la playa, en cambio, es otra cosa. Es casi un cuento de Las Mil y Una Noches porque, efectivamente, involucra a un Emir, hijo de un príncipe y una princesa, que se enamoró de Punta del Este. Un Emir que fue el único Cónsul General que el Imperio Otomano mandó a Suramérica. Un Emir al que ese mismo Imperio lo condenó a muerte por traición. Un Emir que escribió libros, fundó revistas y al que el escritor argentino Leopoldo Lugones lo convirtió en personaje de ficción en su cuento El puñal.

Hoy, fuera de los surfers, no es muy frecuentada salvo como paseo turístico para ver los restos del naufragio del buque carguero Santa María de Luján que todavía pueden observarse sobresaliendo entre las olas.

Emín Arslan nació el 13 de julio de 1868 en Choueifat, Líbano. Hijo del príncipe Mayid y de la princesa Zahía, sus estudios estuvieron a la altura de la realeza de su país. Fue educado por los jesuitas y luego, ya universitario, paseó por las  aulas de las más importantes casas de estudio de Francia. Hablaba seis idiomas y, en su tiempo, era considerado un intelectual de primera línea en las tertulias que realizaba Victoria Ocampo en Buenos Aires. Llegó a Argentina en 1910 con el título de Cónsul General del Imperio Otomano, después de haber ejercido el mismo cargo en Burdeos, Bruselas y París. De inmediato, figura exótica, se volvió parte de el mundillo cultural porteño. El mismo año en que arribó, visitó Punta del Este. Y fue amor a primera vista. Desde entonces hace más frecuentes los viajes a Punta del Este y, en 1920, le encarga al arquitecto francés Eduardo Le Monnier la construcción de una casa rústica frente al mar, en la zona de la actual playa El Emir. La residencia era de una planta y estaba hecha de piedra, con techos de paja. La bautizó “La Chaumière”: el nombre hace referencia a las tradicionales casas rurales de Francia, sobre todo en Normandía y Brière, que tienen sus techos recubiertos con paja de trigo, en francés chaume. La Chaumière se encontraba ubicada en la manzana que hoy rodean las calles Muergos, Los Arrecifes, Resalsero y Rambla General Artigas. Con la desaparición del Imperio Otomano en 1921, Arslan adopta la nacionalidad argentina. Y hasta su muerte, ocurrida en 1943, residirá entre Buenos Aires y Punta del Este.

En día en que el emir Emin Arslan visitó Punta del Este,  quedó hechizado.