Alejandro Roemmers: un abrazo que continúa en sus libros

Con «Un abrazo por la humanidad», el escritor argentino llevó su mensaje de fraternidad a una convocatoria internacional. Detrás de ese gesto hay una vocación nacida en la infancia, una vida atravesada por la literatura y un vínculo especial con Punta del Este. Su reciente reconocimiento en Madrid ilumina ese recorrido.
Frente a la Basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís, la música reunió a quienes habían llegado hasta uno de los lugares más significativos de la historia franciscana. Una orquesta, un coro y una invitación de Alejandro Guillermo Roemmers: acercarse al otro y compartir un abrazo. En aquella plaza italiana, el escritor buscó darle una forma concreta a una idea que recorre buena parte de su obra: reconocernos como integrantes de una misma humanidad.

El encuentro se inscribió en «Un abrazo por la humanidad», la iniciativa que impulsó alrededor del 4 de octubre, en el marco de los ochocientos años de la muerte de San Francisco de Asís. La propuesta podía realizarse en cualquier lugar: entre familiares, amigos, conocidos o personas que pensaran distinto. En Buenos Aires, la convocatoria tuvo como punto de reunión anunciado el Planetario Galileo Galilei. Su consigna, «El otro también eres tú», condensó el sentido de la invitación.

La elección del abrazo llevaba una intención precisa. Acercarse supone bajar, por un momento, las defensas; reconocer que enfrente hay alguien con una historia, temores y esperanzas. Roemmers planteó el gesto como un comienzo: una disposición que después debería sostenerse en la escucha, el respeto y la vida cotidiana. La convocatoria fue abierta a creyentes y no creyentes, sin fines políticos, comerciales ni de recaudación.
En Asís, ese mensaje encontró también una expresión musical. La Sinfónica de Santa Cecilia, dirigida por Nazareno Andorno, interpretó «Cántico de las Criaturas» y «Todos Hermanos», compuestas por Roemmers en colaboración con el director. La música y el abrazo compartieron así un mismo escenario, junto al santuario que conserva la memoria de los últimos años de Francisco.

La relación del autor con el pensamiento franciscano tiene antecedentes. En 2016 estrenó en Buenos Aires el musical Franciscus, una razón para vivir. En 2023 impulsó el «Abrazo de Asís» y recibió el Premio San Francesco de la Pontificia Universidad Antonianum de Roma por su labor humanística y su compromiso con los valores espirituales. Desde esa perspectiva, la convocatoria de este octubre prolonga una búsqueda que viene desarrollando mediante distintas formas de creación.

Antes del empresario, el niño que escribía
Nacido en Buenos Aires en 1958, Alejandro Roemmers pertenece a una familia cuyo apellido está ligado a la industria farmacéutica argentina. Su historia personal, sin embargo, comenzó a encontrar otro lenguaje mucho antes de que asumiera responsabilidades empresariales.
Tenía ocho años cuando escribió su primer poema durante unas vacaciones de invierno en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba. Según recordó en una entrevista, empezó a escribir antes de convertirse en lector de poesía. El impulso fue espontáneo y su formación, autodidacta. Después llegaron los poemas que su abuela recortaba de los diarios y le acercaba: una pequeña biblioteca hecha de hojas sueltas.

En su entorno también estaban la música y las artes plásticas. Su madre era pianista y profesora de Bellas Artes. La escritura fue adquiriendo un espacio propio dentro de esa sensibilidad, aunque durante años debió convivir con las expectativas familiares. Roemmers contó que su padre lo orientó hacia la administración y que, entre los veinticinco y los cuarenta y cinco años, concentró su actividad profesional en los laboratorios. La poesía lo acompañó durante ese período, incluso en momentos personales difíciles.
Con el tiempo, la literatura ganó un lugar cada vez más visible. Los poemas, las novelas y los proyectos escénicos fueron ampliando una identidad que había empezado a construirse en la infancia.
Los libros, distintas formas de una búsqueda
Su recorrido poético incluye títulos como Soñadores soñad, Ancla fugaz, España en mí, Más allá, Como la arena, La mirada impar y Sonetos del amor entero. En ellos fue desarrollando una escritura que luego conviviría con la narrativa y el teatro musical.
En 2008 publicó El regreso del joven príncipe, una obra que dialoga con el universo de Antoine de Saint-Exupéry y lleva a un joven protagonista a interrogarse sobre la vida y los vínculos humanos. El libro alcanzó una amplia circulación internacional y fue traducido a más de treinta idiomas. Años después, ese recorrido encontró una nueva expresión escénica en Regreso en Patagonia.

La búsqueda continuó con Vivir se escribe en presente, publicada en 2020, y con El joven príncipe señala el camino, de 2024. En esta última, la llegada de un alumno a un colegio permite abordar la amistad, la relación entre generaciones, la dependencia de las pantallas y las tensiones entre tecnología y experiencia humana. Son preguntas próximas a las que reaparecen en su convocatoria al abrazo: cómo convivimos y qué atención somos capaces de dedicar a los demás.
Su narrativa también se adentra en zonas más oscuras. Morir lo necesario, de 2022, explora el crimen, la corrupción y los conflictos familiares. En El misterio del último Stradivarius, de 2025, alterna una investigación sobre un doble asesinato en Paraguay con la historia de un violín y de quienes lo poseyeron a lo largo de los siglos.

Punta del Este Internacional se detuvo en esa construcción en «La doble vida de una historia»: dos tramas, dos tiempos y un instrumento que los enlaza. La novela cuenta, además, con un prólogo de Mario Vargas Llosa, quien reflexionó sobre la vocación de Roemmers y sobre los distintos desafíos de escribir poesía y ficción narrativa.
En 2026 volvió a reunir su escritura poética en Todo lo inolvidable, una antología de sonetos y versos libres. La edición argentina lleva prólogo de Antonio Requeni; la española, de Luis Alberto de Cuenca. El volumen permite recorrer distintas etapas de una obra que sigue encontrando en la poesía su espacio de intimidad.
Punta del Este, un lugar para crear
Dentro de ese itinerario, Punta del Este ocupa un lugar particular. «Punta del Este es mi refugio e inspiración», expresó a esta revista. En las temporadas de menor movimiento encuentra una cercanía con el paisaje que favorece la introspección: Manantiales, el mar y las puestas de sol de Punta Ballena forman parte de esa geografía personal.

Su conexión también pasa por la actividad cultural. Roemmers ha destacado el papel del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry como espacio de encuentro entre disciplinas. El MACA cuenta con una sala que lleva su nombre, inaugurada en 2022. Allí, su vínculo con el este uruguayo adquiere una expresión pública, ligada a la circulación y al disfrute del arte.
Madrid, el reconocimiento a un recorrido
El 15 de octubre, pocos días después de la convocatoria por la fraternidad, Roemmers recibió el Premio «Madrid, Capital de Iberoamérica» en la categoría Iniciativa Cultural. La distinción, otorgada por el Ayuntamiento de Madrid y el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica —CEAPI—, reconoció su trayectoria y su compromiso con la literatura, la cultura y el desarrollo humano.

La ceremonia se celebró en los Jardines de Cecilio Rodríguez, presidida por el alcalde José Luis Martínez-Almeida y Núria Vilanova, presidenta de CEAPI. Para el escritor, Madrid tiene una dimensión biográfica: vivió allí durante su adolescencia y la ciudad quedó vinculada a su formación y a su obra.

Al agradecer el premio, destacó el papel de la capital española como lugar de encuentro entre ambas orillas y señaló a la lengua compartida como un vínculo esencial. Esa imagen permite volver al comienzo: después de los libros, la música y los reconocimientos, persiste la voluntad de acercar a las personas. En una plaza de Asís, esa aspiración había tomado una forma sencilla y reconocible: unos brazos abiertos.





