Carlos Lecueder: vivir en Punta del Este, trabajar hacia el mundo

La nueva torre del World Trade Center busca dinamizar Punta del Este durante todo el año. Como primera zona franca de servicios de Maldonado, apunta a atraer empresas, talento y oportunidades para trabajar desde la península hacia mercados internacionales. Su presidente, Carlos Lecueder, repasa la historia familiar detrás del proyecto y explica qué impacto espera para una ciudad donde el mar también puede acompañar la jornada laboral.

«En la vida lo que quiero es ser feliz», dice Carlos Lecueder cuando explica por qué una empresa elegiría instalarse en Punta del Este. La calidad de vida, la familia, una remuneración acorde y la tranquilidad son, a su juicio, factores decisivos para atraer y retener talento.

El World Trade Center busca reunir esas condiciones: ofrecer un lugar desde el que sea posible trabajar para mercados internacionales en una ciudad que, durante generaciones, muchos conocieron bajo el calendario de las vacaciones.

La torre cuenta con infraestructura para que empresas y profesionales desarrollen sus actividades desde Punta del Este y atiendan clientes en otros países. Una compañía que hoy presta servicios desde Londres, por ejemplo, podría instalar allí a su equipo y continuar operando para el mercado europeo, con otro paisaje al otro lado de la ventana.
A eso se suma el régimen de zonas francas, que establece exoneraciones de tributos nacionales para las actividades autorizadas, de acuerdo con la normativa vigente. El objetivo es competir por inversiones, empresas y empleos en un mercado internacional.

Al momento de la entrevista, la torre superaba el 30 % de ocupación y la previsión era acercarse al 40 % hacia fin de año. Entre las empresas instaladas o vinculadas al proyecto había compañías de Brasil, Argentina, Estados Unidos y Europa, además de iniciativas uruguayas orientadas a exportar servicios.

El Business Center permite comenzar con espacios equipados y ampliar la superficie a medida que crece el negocio. Lecueder lo define como un semillero para profesionales y empresas que buscan conseguir sus primeros clientes internacionales: un lugar donde una actividad puede echar raíces y encontrar espacio para crecer.

La historia detrás de esta apuesta comenzó con su padre, Luis Lecueder, contador y desarrollador inmobiliario. En 1972 fundó Safema junto con varios socios y construyó Remanso, un edificio frente al puerto de Punta del Este. Durante la década siguiente, la empresa levantó 34 edificios entre el balneario y Montevideo. Luis repetía que una ciudad tan linda debía ser vivida todo el año y soñaba con instalarse allí cuando se jubilara. Murió antes de concretarlo, y aquel deseo quedó en la memoria de su hijo, unido para siempre a ese lugar.

Carlos aprendió el oficio acompañándolo. Durante la crisis inmobiliaria de los años ochenta, la empresa detuvo los nuevos proyectos y concentró sus esfuerzos en terminar y entregar los que ya estaban comprometidos. Más adelante, un terreno adquirido en Montevideo dio origen a Montevideo Shopping y abrió una nueva etapa, vinculada al desarrollo y la administración de centros comerciales. Aquel aprendizaje junto a su padre fue tomando otras formas: hoy, la empresa construye e inaugura su duodécimo shopping en Uruguay y también ha participado en proyectos de asesoramiento en el exterior.
Entre sus desarrollos se encuentra el modelo que combina terminal de ómnibus y centro comercial, iniciado en Tres Cruces y replicado en Salto, Mercedes, Paysandú y Minas. Son espacios donde los viajes se cruzan con las rutinas de una ciudad.

En Punta del Este, el estudio participa como socio comercial de Atlántico Shopping, un proyecto desarrollado por Altius. La continuidad familiar también se mantiene: sus seis hijos trabajan en distintos emprendimientos, mientras Lecueder se concentra en los directorios y en la generación de nuevas ideas. El oficio que aprendió acompañando a su padre sigue su recorrido en otra generación.
La tecnología facilita la transformación que el empresario imagina para Punta del Este. Lecueder menciona el caso de un sobrino que vive en La Barra y trabaja por internet para una agencia de comunicación, mientras su padre planea mudarse cerca de él cuando se jubile.

Para el empresario, estas nuevas formas de trabajo permiten elegir dónde vivir sin que la ubicación de la empresa sea un límite. En esa historia cotidiana vuelve a aparecer el deseo que su padre no llegó a cumplir: establecerse junto al mar y hacer de aquel lugar una vida, con sus jornadas de trabajo y sus días de descanso.

El impacto esperado excede la actividad de la torre. Lecueder quisiera sumar 20.000 personas durante junio, julio, agosto y septiembre para aprovechar mejor las viviendas, los servicios y la infraestructura disponibles. Imagina más vida detrás de las ventanas durante los meses de invierno: una población estable que permita sostener comercios, restaurantes y empleos durante todo el año, sin que la ciudad pierda su identidad de balneario. También reconoce el valor del turismo de temporada, que ofrece trabajo a personas de distintas zonas del país y continúa siendo una parte central de la economía local.
En su visión, el crecimiento de Punta del Este consiste en prolongar la vida de la ciudad más allá del verano, cuando se aquieta el movimiento de las vacaciones y el mar permanece.
La llegada de empresas internacionales, la creación de puestos de trabajo y la posibilidad de que más profesionales elijan residir en la zona podrían consolidar una actividad constante durante todo el año. Su principal motivo de orgullo, dice, son las compañías que eligen instalarse en Uruguay y los empleos que generan: las personas que encuentran, detrás de cada proyecto, una oportunidad para construir su propia vida.

Décadas atrás, su padre quería vivir en Punta del Este, pero debía trabajar en Montevideo. Hoy, Carlos Lecueder impulsa un proyecto que busca reunir lo que entonces quedaba separado por la distancia: vivir en la península y trabajar desde allí hacia el mundo. Entre aquel deseo y esta torre han pasado generaciones, edificios y crisis; la posibilidad de quedarse sigue siendo el hilo que los une.





