Construir frente al mar: la obra que nunca termina

Construir frente al mar: la obra que nunca termina

Levantar una casa desde cero exige pensar cómo será habitada. Construirla junto al mar obliga, además, a imaginar cómo envejecerá. Daniel Ocampos, fundador de EsteConstructora, propone mirar la construcción residencial desde dos momentos inseparables: hacer bien una obra desde sus cimientos y saber conservarla cuando el tiempo, la humedad y el salitre comienzan a dejar sus huellas.

Hay algo paradójico en las casas frente al mar. Se construyen para disfrutar de uno de los paisajes más extraordinarios que existen y, al mismo tiempo, quedan expuestas diariamente a uno de los ambientes más exigentes para una edificación.

El viento, la humedad, la salinidad y el sol no entienden de arquitectura ni de presupuestos. Trabajan todos los días.

Daniel Ocampos lo conoce bien. Fundador de «EsteConstructora», lleva más de doce años vinculado a la construcción de residencias, casas de balneario, viviendas de campo y reformas, con experiencia desarrollada entre Paraguay, Argentina y Uruguay.

Ya no se trata solamente de preguntarle cómo se construye una buena casa. Esta vez quisimos plantearle otra cuestión: «¿qué ocurre después?»

Porque una vivienda puede haber sido magníficamente diseñada y construida y, años más tarde, comenzar a mostrar las consecuencias de su exposición al ambiente. En Punta del Este, José Ignacio, La Barra, Manantiales o Piriápolis, mantener también forma parte de construir.

—¿Es realmente diferente construir una casa cerca del mar?

—Sí. El lugar donde se construye condiciona muchas decisiones. Una casa en la costa está sometida a factores que en otros lugares tienen una incidencia mucho menor. La humedad, el salitre, el viento, la exposición solar y las lluvias obligan a prestar especial atención a materiales, impermeabilizaciones, aberturas, elementos metálicos y terminaciones.

Pero para mí hay algo anterior a todo eso: hay que entender dónde estamos construyendo. No alcanza con tomar un proyecto y reproducirlo de la misma manera en cualquier terreno. Una buena obra empieza por conocer el lugar.

—¿Entonces, una casa frente al mar debería pensarse desde el comienzo para envejecer bien?

—Exactamente. Cuando uno construye desde cero tiene una ventaja enorme: puede prevenir.

Podés elegir correctamente los materiales, estudiar las orientaciones, resolver bien los encuentros, impermeabilizar donde corresponde, proteger los metales y ejecutar correctamente cada etapa.

Muchas veces la diferencia entre una casa que después exige intervenciones permanentes y otra que envejece bien está en decisiones que, una vez terminada la obra, ni siquiera se ven.

La construcción tiene mucho de eso. Lo que finalmente vemos es la arquitectura, los espacios, los materiales, la luz. Pero detrás existe una enorme cantidad de trabajo que determina cómo se va a comportar esa vivienda durante los próximos veinte o treinta años.

—¿El cliente suele pensar en eso cuando empieza una casa?

—Generalmente piensa primero en cómo quiere vivirla. Y es lógico. Piensa en las vistas, los ambientes, la cocina, los dormitorios, el jardín, la piscina.

Nuestra responsabilidad como constructores es pensar también en aquello que el propietario no necesariamente tiene por qué conocer.

Qué ocurre con determinada fachada después de años de exposición. Cómo responde un material al salitre. Qué mantenimiento va a necesitar una abertura. Cómo se evacúa el agua. Qué puntos van a requerir controles periódicos.

Construir bien también significa anticiparse.

El mar no perdona los descuidos

Una casa terminada no es una casa congelada en el tiempo.

Los materiales se mueven, los selladores envejecen, las pinturas pierden capacidad de protección, los metales pueden comenzar a oxidarse y pequeñas fisuras pueden permitir el ingreso de agua.

En los ambientes costeros esos procesos pueden acelerarse.

Por eso Ocampos plantea una segunda dimensión del trabajo de EsteConstructora: «el mantenimiento y la intervención sobre viviendas existentes.»

—¿Cuándo debería empezar a mantenerse una casa?

—Antes de que aparezca un problema importante.

Existe una tendencia a llamar al constructor cuando la humedad ya apareció, cuando una pintura se desprendió o cuando una pieza metálica está muy corroída. El mantenimiento preventivo funciona al revés: buscamos detectar el problema cuando todavía es pequeño.

Una fisura no significa necesariamente que exista un problema estructural, pero hay que saber por qué apareció. Una mancha de humedad puede tener distintos orígenes. Pintarla sin hacer un diagnóstico solamente la esconde.

Primero hay que entender la causa y después intervenir.

—¿Cuáles son las señales que un propietario no debería ignorar?

—Fisuras nuevas, filtraciones, manchas de humedad, desprendimientos de pintura o revestimientos, oxidación, deterioro de sellados, problemas alrededor de aberturas y cualquier cambio que se repita después de lluvias fuertes.

Hay una regla bastante sencilla: cuando algo aparece una y otra vez, no hay que seguir tapándolo. Hay que buscar el origen.

—¿El salitre es realmente tan agresivo?

—Sí, especialmente sobre determinados metales y componentes expuestos. Pero tampoco hay que convertirlo en el culpable de todo.

En una vivienda pueden coexistir distintos problemas: humedad, condensación, filtraciones, fallas de impermeabilización o simplemente envejecimiento de materiales.

Por eso es tan importante el diagnóstico.

No todas las humedades son iguales y no todas las fisuras significan lo mismo.

Mantener también es proteger una inversión

Una propiedad frente al mar representa, en muchos casos, una inversión muy importante. Sin embargo, después de construirla se suele reservar presupuesto para jardines, piscinas o decoración y bastante menos para la conservación técnica del inmueble.

Ocampos propone invertir esa lógica.

—¿Es más barato mantener que reparar?

—En la mayoría de los casos, sí. Cuando intervenís temprano trabajás sobre algo localizado. Cuando dejás avanzar el deterioro, muchas veces tenés que retirar materiales, reparar lo que está detrás y después reconstruir la terminación.

El mantenimiento no debería verse como un gasto que aparece porque la casa está mal. Es parte de tener una propiedad.

Es parecido a lo que hacemos con un automóvil: nadie espera que funcione veinte años sin revisarlo. Sin embargo, a veces pretendemos eso de una casa expuesta los 365 días al clima.

—¿Recomendarías una revisión periódica?

—Sí. Especialmente en propiedades de temporada, que pueden permanecer cerradas durante meses.

Una inspección permite revisar cubiertas, desagües, impermeabilizaciones visibles, fachadas, sellados, aberturas, metales y otros puntos sensibles. Y después de temporales fuertes también conviene observar si apareció algo nuevo.

No se trata de vivir preocupado por la casa. Es exactamente lo contrario: ocuparse periódicamente para poder olvidarse de los problemas el resto del tiempo.

Volver a construir sobre lo construido

Las reformas plantean un desafío diferente.

Cuando EsteConstructora recibe una vivienda existente, el punto de partida ya no es un terreno vacío. Hay una construcción con historia, materiales de distintas épocas, intervenciones anteriores y, muchas veces, problemas cuyo verdadero origen permanece oculto.

—¿Qué cambia cuando reciben una casa de varios años frente al mar?

—Lo primero es escuchar a la casa.

Antes de decidir qué vamos a cambiar estéticamente, tenemos que entender qué está pasando constructivamente. Hay que revisar qué funciona, qué puede conservarse y qué necesita una intervención.

Una reforma bien hecha no consiste en hacer que todo parezca nuevo. Consiste en resolver lo que está mal y aprovechar lo que todavía está bien.

Ahí también está la experiencia del constructor: saber dónde intervenir y dónde no.

—¿Es posible actualizar una casa sin perder su identidad?

—Por supuesto. Y muchas veces es lo más interesante.

Hay casas de Punta del Este con una arquitectura y una relación con el paisaje que merecen conservarse.

Actualizar instalaciones, mejorar impermeabilizaciones, sustituir determinados materiales o resolver patologías no significa borrar su historia.

A veces construir también significa saber respetar lo que otro construyó antes.

Una casa pensada para durar

Construir desde cero y recuperar una vivienda existente parecen dos trabajos diferentes. Para Daniel Ocampos, forman parte de una misma manera de entender el oficio.

En el primer caso, el desafío consiste en anticipar. En el segundo, en diagnosticar.

En ambos existe una responsabilidad común: «hacer que la arquitectura pueda atravesar el tiempo.»

Porque una casa frente al mar nunca deja completamente de construirse. Cambia con quienes la habitan, se adapta a nuevas formas de vivir y necesita cuidados frente a un ambiente extraordinario pero exigente.

El horizonte puede ser eterno.

Las casas, en cambio, necesitan que alguien las cuide.