Construir para permanecer

Saceem cumple 75 años y su historia se cruza con obras que forman parte de la identidad de Punta del Este. Alejandro Ruibal, director general de la empresa y presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, encarna una trayectoria que une vocación, responsabilidad y una pregunta que atraviesa generaciones: qué dejamos construido para los demás.
Hay obras que terminan por pertenecernos a todos. Un puente que cruzamos para llegar a casa. Un puerto que reconocemos aun antes de distinguir la ciudad. Un edificio que aparece en el horizonte y anuncia que un lugar está cambiando. Detrás de esas imágenes hay años de trabajo, decisiones difíciles y personas que alguna vez imaginaron lo que todavía no existía.
En Punta del Este, varias de esas historias llevan el nombre de Saceem. Están en las marinas del puerto, en el círculo que une Maldonado y Rocha sobre la laguna Garzón, en la recuperación del segundo puente de La Barra y en la torre del World Trade Center Punta del Este Free Zone. Obras distintas, vinculadas por una misma responsabilidad: hacer posible algo que otros usarán, habitarán y reconocerán durante años.

Al cumplir 75 años, la empresa encuentra en esas realizaciones una manera de contar su recorrido. Y en Alejandro Ruibal, su director general y actual presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, una trayectoria personal que permite acercarse al lado humano de la ingeniería.
Una vocación que empezó mirando un puente
Mucho antes de dirigir una constructora, Ruibal fue un niño que visitó una obra y quedó fascinado. Una salida escolar a la construcción del puente Fray Bentos–Puerto Unzué, por invitación del ingeniero Alberto Ponce Delgado, le mostró la dimensión de una profesión capaz de transformar el territorio.

Aquel recuerdo persistió. Su padre era ingeniero industrial y, al comenzar la facultad, parecía natural seguir ese camino. Sin embargo, lo atraían los puentes y el trabajo al aire libre. Finalmente eligió la ingeniería civil.
La muerte de su padre, cuando tenía 19 años, también marcó esa etapa. Como hijo mayor, debió acompañar un cambio importante en la vida familiar y comenzó a trabajar mientras estudiaba. Pasó por OSE y por una empresa constructora antes de recibirse, en 1992.
Al año siguiente respondió a un aviso de El Gallito Luis. Saceem buscaba ingenieros jóvenes. Ingresó a la compañía y comenzó un recorrido que lo llevaría desde las tareas de obra hasta su conducción. Años después contó que conservaba aquel recorte enmarcado en su oficina: el punto de partida de una carrera construida dentro de la misma organización.
Su llegada a la presidencia de la Cámara de la Construcción del Uruguay amplió esa responsabilidad. A la gestión de una empresa se sumó la representación de una actividad en la que confluyen inversión, empleo, formación y desarrollo del país. Cada obra reúne esos intereses y exige que puedan avanzar juntos.
La Barra: cuidar una parte de nuestra historia
En 2022, el segundo puente ondulado de La Barra sufrió daños estructurales graves. Su descenso puso en riesgo una conexión esencial entre Punta del Este y los balnearios del este, pero también una imagen profundamente ligada al lugar.
Saceem fue convocada para intervenir en aquella emergencia. No había construido ese puente: asumió el desafío de recuperarlo.
La primera etapa consistió en sostener y estabilizar la estructura para evitar su caída y permitir posteriormente el tránsito liviano. Después llegó la reparación definitiva, concluida en diciembre de 2023, con refuerzos que conservaron su característica forma ondulada.

El trabajo tenía una dimensión que excedía la ingeniería. Por allí pasan vecinos que van a trabajar, familias que regresan a sus casas y visitantes para quienes cruzar las ondulaciones es uno de los recuerdos del verano. Su recuperación protegió esa continuidad cotidiana y preservó una parte del paisaje afectivo de Punta del Este.
También reveló otra faceta del oficio: construir exige saber cuidar lo que ya existe. Comprender una estructura, intervenir sobre ella y darle futuro puede ser un desafío tan significativo como levantar una obra nueva.
Un círculo entre Maldonado y Rocha
Sobre la laguna Garzón, Saceem participó de una transformación diferente: construir una conexión donde antes el cruce dependía de una balsa.
El puente circular, diseñado por Rafael Viñoly y construido por la empresa, unió Maldonado y Rocha con una forma que se convirtió en un hito de la arquitectura y la ingeniería de la región.
Su geometría invita a recorrer el paisaje de otra manera. El agua acompaña la curva; las orillas aparecen desde distintas perspectivas. La infraestructura resuelve el paso y, al mismo tiempo, crea una experiencia que identifica al lugar.

Para la constructora, materializar ese diseño supuso responder a una geometría compleja y a las exigencias de trabajar en un entorno de particular sensibilidad. Para el territorio, significó una nueva continuidad entre dos departamentos estrechamente vinculados por el turismo, la naturaleza y la vida de sus comunidades.
Hay algo especialmente expresivo en esa obra: une sin borrar las dos orillas. Cada una conserva su carácter, mientras el puente hace posible el encuentro.
El puerto y una ciudad que mira hacia adelante
La relación de Saceem con Punta del Este también puede leerse desde el agua.
En 2009, la empresa concretó la reconstrucción de las marinas 3 y 4 y la construcción de la marina 5 del puerto. Más adelante realizó nuevas intervenciones en las marinas 1 y 2, los accesos a las restantes y el muelle del travelift.

Son trabajos que sostienen una de las postales más reconocidas del destino y, sobre todo, su funcionamiento. Detrás de las embarcaciones, los paseos y las llegadas hay estructuras que deben responder todos los días. Esa infraestructura acompaña la actividad náutica y forma parte de la calidad con la que Punta del Este recibe al mundo.
El World Trade Center Punta del Este Free Zone abre otro capítulo de esa relación. Construida por Saceem, la torre incorpora al horizonte un espacio destinado a empresas y servicios, asociado a una ciudad que amplía su actividad durante todo el año.
Su significado también se mide en las posibilidades que ofrece: trabajar desde Punta del Este, desarrollar una empresa, formar equipos y proyectar una vida vinculada al lugar. Allí, la construcción acompaña una transformación que alcanza a las familias y a las nuevas generaciones que eligen establecerse en el departamento.
Setenta y cinco años, muchas generaciones
Fundada en 1951, con un origen vinculado a la ampliación de la Central Batlle, Saceem creció junto con las necesidades de infraestructura del Uruguay. Energía, puentes, puertos, industria y edificios fueron ampliando su campo de acción.

Sostener una empresa durante tres cuartos de siglo requiere transmitir conocimientos, formar personas y adaptarse. Quienes llegan aprenden de quienes llevan años; la experiencia acumulada encuentra nuevas herramientas y vuelve a ponerse a prueba en cada proyecto.
Ruibal ocupa hoy un lugar central en esa continuidad. Su historia dentro de Saceem reúne el orgullo de haber crecido profesionalmente y la responsabilidad de conducir una organización cuyo trabajo permanece a la vista de todos.
Porque una obra sigue siendo examinada mucho después de su inauguración. La examinan el uso, el clima y el tiempo. La atraviesan personas que quizá nunca sepan quién calculó sus apoyos, quién dirigió los trabajos o quién pasó una noche pendiente de una decisión decisiva. Esa confianza cotidiana es una de las mayores exigencias de construir.
La experiencia uruguaya, más allá de sus fronteras
La trayectoria desarrollada en Uruguay llevó a Saceem a expandirse hacia Paraguay y Perú. Su integración al grupo francés NGE, concretada en 2025, abre una nueva etapa para ampliar capacidades y abordar proyectos de mayor escala, con Montevideo como centro de su conducción regional.
Esa proyección internacional nace de una experiencia que tiene referencias cercanas: el puerto, una torre, un puente circular y otro que pudo seguir en pie.

A los 75 años, la historia de Saceem puede recorrerse por esas obras. En Punta del Este, sus capítulos siguen abiertos cada vez que alguien llega a una marina, entra a trabajar al World Trade Center o cruza hacia La Barra y continúa camino a Rocha. Allí, en la vida que sucede sobre lo construido, el trabajo encuentra su sentido más duradero.
Ver además Carlos Lecueder: vivir en Punta del Este, trabajar hacia el mundo
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