Gilberto Scarpa, el dueño de las fiestas

El empresario brasileño que convirtió su residencia de Beverly Hills en escenario de algunas de las celebraciones más comentadas de Punta del Este murió a los 87 años. Lo conocí como corresponsal de revista Caras y, en 1994, le propuse contar su historia en un libro que hoy conserva el testimonio de aquellos años.

Por Marisol Nicoletti
La noticia de la muerte de Gilberto Bálsamo Scarpa me llevó inevitablemente de regreso a los años noventa, a una Punta del Este desbordante, imprevisible y luminosa, en la que cada verano buscaba sorprender con nuevos personajes y acontecimientos. Era una ciudad donde una fiesta privada podía concentrar, durante varios días, la atención de la vida social y de los medios del Río de la Plata.
Para contar quién fue Gilberto no alcanza con enumerar invitados famosos, flores importadas, grandes orquestas o botellas de champagne. Hay que volver a La Pinduca, su residencia del barrio Beverly Hills, atravesar nuevamente sus jardines y recordar aquel tiempo en el que recibir era un arte, la fiesta constituía una puesta en escena y él quería ser, por encima de todo, un buen anfitrión.

Gilberto había nacido en Sorocaba, en el estado brasileño de San Pablo, dentro de una familia de origen italiano. Creció en un hogar humilde y construyó desde abajo una importante fortuna en la industria de los envases plásticos y embalajes para grandes compañías internacionales de bebidas. Llegó a reunir quince empresas y a emplear a más de cinco mil personas.
A los 24 años se casó con Nilza Maria Pary, con quien tuvo tres hijas: Roberta, Katia y Lisa. Años después conoció a Henriqueta Maria de Magalhães, a quien entonces definía como “la mujer de mi vida”, y con ella fue padre de Gilberto y Carmina.
Punta del Este y el nacimiento de La Pinduca
Gilberto conoció Punta del Este en 1985. Tenía 47 años y llegó acompañado por familiares y amigos. Aquella primera visita fue suficiente para que encontrara en el balneario el lugar donde, durante muchos años, elegiría pasar sus veranos.

Se alojó en el recordado Hotel San Rafael. En las temporadas siguientes, Gilberto y Henriqueta alquilaron distintas residencias, entre ellas La Dalmacia y La Normanda, hasta que finalmente compraron una gran propiedad sobre la avenida Fernando de Aragón, entre Salt Lake y Louvre, en Beverly Hills.

Era una casa de dos plantas, levantada en un terreno de cinco mil metros cuadrados y rodeada por amplios jardines.

La llamó La Pinduca, una expresión afectuosa brasileña que podría traducirse como “querida”, “cariño” o “mi vida”, y allí comenzaron las celebraciones que durante varios veranos colocarían su nombre en el centro de la temporada esteña.
Una fiesta que nació casi por casualidad
La primera reunión de La Pinduca ocurrió en enero de 1992 y tuvo un origen mucho más sencillo que las producciones que vendrían después. Gilberto y Henriqueta organizaron una cena con mariachis y jazz para unas treinta personas, entre las que se encontraba Mariano Mores, a quien Gilberto admiraba profundamente, entre otras razones, porque su padre, Carmino, era un apasionado del tango.
Durante la noche, alguien comentó que Pelé estaba en Punta del Este y quería sumarse. O Rei llegó acompañado por unas cuarenta personas, por lo que la pequeña cena prácticamente duplicó su concurrencia y terminó reuniendo también a Pinky, Piero y otras figuras del espectáculo y la sociedad rioplatense. Aquel episodio inesperado marcó el comienzo de una serie de encuentros que crecerían año tras año.

En 1993, los Scarpa duplicaron la cantidad inicial de invitados. Pelé regresó, esta vez acompañado por un grupo todavía mayor. Después de la cena irrumpieron cincuenta integrantes de la escola de samba Bafo da Onça, cuya música, colores y batucada transformaron la residencia en un carnaval. La velada culminó en el casino del Hotel Nogaró, aunque Pelé prefirió retirarse antes.
Las mil y una noches
En enero de 1994 llegó una producción temática de gran escala: Las mil y una noches. Una carpa de 850 metros cuadrados fue instalada en los jardines y ambientada como una tienda bereber en medio del desierto, con tapices persas, lámparas, manteles de brocato, plumas, turbantes y un arco de fuego que señalaba el ingreso al lugar de la cena.

Gilberto y Henriqueta recibieron a sus 250 invitados vestidos como Aladino y la princesa Jazmín. La organización estuvo coordinada por el relacionista público Alfredo Etchegaray, mientras que veinte músicos de la Orquesta de Cámara del Sodre acompañaron la velada y Fairuz, conocida bailarina árabe del Río de la Plata, protagonizó uno de sus momentos
centrales.
Desde Brasil llegaron numerosos invitados en aviones privados. Entre los asistentes estuvieron el expresidente uruguayo Jorge Pacheco Areco, Mirtha Legrand, Graciela Borges, Pinky, Gino Bogani, Mariano Mores y modelos como Valeria Mazza, Daniela Cardone, Carola del Bianco, Moira Gough, Daniela Urzi y Florencia Raggi.
Gilberto incluso quiso incorporar un elefante perteneciente a un circo cercano, pero la función terminaba después de la medianoche y el animal nunca llegó a La Pinduca.
Antes de que saliera el sol, los invitados recibieron una edición especial del diario La Razón, todavía impreso en su recordado formato sábana. La portada estaba dedicada enteramente a la celebración y había sido producida contrarreloj desde una redacción montada especialmente en Punta del Este. La fiesta dejaba así de ser solamente una reunión social para transformarse en un acontecimiento concebido hasta en sus últimos detalles y destinado a convertirse en noticia.
La Noche Tropical
Al año siguiente, el escenario pasó de los oasis de Medio Oriente a las playas hawaianas. El 21 de enero de 1995, La Noche Tropical reunió a unos 250 invitados en una celebración más distendida, sin un código de vestimenta tan riguroso, aunque nuevamente concurrida por numerosos personajes de la vida social.

Por La Pinduca pasaron Ginette Reynal, Gino Bogani, Teté Coustarot, Patricia Miccio, Valeria Mazza y Alejandro Gravier, Karina Rabolini y Daniel Scioli, Dolores Barreiro y Pancho Dotto, Daniela Urzi y Manuel Antelo, María Vázquez y Adolfo Cambiaso, Pata Villanueva, Ada de Maurier, Daisy Krieger Vasena de Chopitea, Teddy y Verónica Pueyrredón y Patricia Della Giovampaola, entre muchos otros. Pata Villanueva se animó a bailar el hula y, una vez más, La Pinduca estuvo en el centro de los comentarios de la temporada, aunque la escala de las celebraciones crecería todavía más en enero de 1996.
La Noche de los Sueños
La Noche de los Sueños nació de una promesa de Gilberto a Henriqueta. Cuando habían comenzado su relación, el divorcio todavía no estaba legalizado en Brasil y no habían podido celebrar una boda formal. Gilberto le prometió que, al cumplir veinte años juntos, organizaría una gran fiesta en la que ella vestiría de blanco y luciría sus joyas más valiosas, y en enero de 1996 cumplió aquella promesa.
La preparación llevó cerca de dos años. Gilberto viajó personalmente para invitar a figuras de Europa y Estados Unidos y se cursaron alrededor de mil invitaciones, cuya confirmación debía realizarse por fax. Según recordaría años más tarde el propio Scarpa, participaron 654 personas, cien de ellas llegadas desde Europa y Estados Unidos.

La Pinduca se transformó durante semanas. Una carpa transparente de más de 1.700 metros cuadrados, transportada desde Brasil en varios camiones, fue instalada sobre la piscina. Su montaje llevó más de un mes y el piso de cristal permitía ver el agua debajo.
Llegaron decenas de miles de flores. La vajilla estaba grabada en oro con las iniciales de los anfitriones y había cubiertos de plata, cristalería fina, caviar, langostas y champagne Cristal. El código de vestimenta exigía esmoquin para los hombres y traje largo para las mujeres.
La organización involucró a unas quinientas personas, entre recepcionistas que hablaban varios idiomas, personal de seguridad, maîtres y alrededor de cien camareros bilingües.
Mariano Mores, entonces de 77 años, se presentó acompañado por su orquesta. Abrió el concierto con una composición preparada para los anfitriones y durante casi dos horas interpretó algunos de sus tangos más conocidos. Después llegó la música de Álvaro Quartino, DJ de Space, una de las discotecas emblemáticas de aquel tiempo. La celebración terminó entrada la mañana, con consomé y desayuno para los invitados.
Gilberto aseguró años después que la producción había costado cuatro millones de dólares. Más allá de una cifra que fue discutida y repetida hasta convertirse en parte del relato, fue una gran fiesta privada y uno de los acontecimientos sociales más comentados de aquella temporada.
De la cobertura periodística al libro
Después de realizar varias entrevistas comprendí que aquel universo de celebridades, producciones y repercusión pública merecía convertirse en un libro. Era un fenómeno social que debía ser documentado para las generaciones futuras y, en 1994, le propuse a Scarpa contar su historia.
El proyecto comenzó durante el apogeo de aquellas reuniones y adquirió su forma definitiva después de la última. Su protagonista aceptó relatar lo que sucedía detrás de escena: las negociaciones con los famosos, las invitaciones, las ausencias, los pedidos insólitos y numerosos episodios que no habían llegado a los medios.
Así nació Gilberto Scarpa, la otra cara de las fiestas, publicado por Mar y Sol Ediciones. Como editora, concebí y dirigí el proyecto, organicé y compaginé el contenido y participé en la selección de las imágenes. El diseño gráfico estuvo a cargo de Vera Toquetti y el texto fue revisado por Mariana Prusak.
Entre las anécdotas recogidas aparece la ocasión en que un representante de Diego Maradona comunicó que el futbolista quería concurrir. Como esa noche debía jugar con Boca Juniors en Mar del Plata, habría solicitado un avión para trasladarse a Uruguay, una música especial para ingresar bailando y otras condiciones que finalmente hicieron imposible su presencia.
También quedó registrada una conversación con Pelé, quien habría recibido una propuesta vinculada con la familia Kennedy para impulsar su candidatura a la presidencia de Brasil. Sin embargo, el exfutbolista tenía otra aspiración: quería presidir la FIFA.
El libro se abre con un prólogo de Julio A. Ramos, fundador de Ámbito Financiero, fallecido en 2006. A través de un recorrido por la historia de las celebraciones, presenta la fiesta como una expresión cultural y ubica a su protagonista dentro de esa tradición. Su reflexión adquiere hoy un significado especial: “La fiesta es efímera. Un parpadeo, como existir, con el ensueño de que su breve transcurso sea feliz”.
Después de la fiesta
La Noche de los Sueños cerró aquella etapa. Más tarde llegaron los problemas fiscales y empresariales en Brasil, los embargos, la venta de La Pinduca y el final del matrimonio con Henriqueta. El mundo construido alrededor de la residencia comenzó a desarmarse.
En 2011 enfrentó la muerte de su hijo Gilbertinho, modelo y conductor de televisión, quien se quitó la vida a los 27 años. Sus amigos comentaban que nunca logró recuperarse por completo de aquella pérdida.
Durante sus últimos años vivió en San Pablo, alejado de los negocios y de la exposición mediática. Pasaba sus días escuchando música, mirando fútbol y recordando una etapa en la que su nombre había estado estrechamente relacionado con los veranos esteños.
Cuando se apaga el brillo
Al hojear aquel libro resulta inevitable advertir el paso del tiempo. Muchos de quienes aparecen en sus páginas han muerto, otros siguieron caminos diferentes y numerosos matrimonios que entonces posaban juntos terminaron separándose. La obra terminó contando mucho más que la biografía de su protagonista: se convirtió en el retrato de una sociedad que, bajo las luces de aquellas noches, parecía destinada a durar.
A la distancia, las flores importadas, las joyas, las copas de cristal y las etiquetas de champagne pierden importancia. También se desvanece aquella división entre quienes consiguieron una invitación y quienes quedaron afuera, porque el lujo, observado después de tantos años, se vuelve apenas una escenografía.
Su vida demuestra, como terminará demostrándonos la de todos, que ninguna fortuna, éxito o reconocimiento puede protegernos del dolor, de las pérdidas ni del paso del tiempo. Somos seres finitos y quienes en algún momento parecieron intocables también envejecen, sufren y mueren.
La carpa fue desmontada, la casa cambió de dueño y la sociedad que esperaba cada verano un nuevo acontecimiento se transformó. Sin embargo, quedaron las páginas que reúnen las palabras, las imágenes y las contradicciones de aquel período.
La muerte de Gilberto Scarpa no representa solamente la despedida de un personaje vinculado a una etapa de Punta del Este, sino también un recordatorio de nuestra propia fugacidad. Cuando llegue el final no importará cuánto tuvimos, cuántas personas importantes conocimos ni cuántas veces aparecimos en una fotografía, sino aquello que construimos, lo que dejamos en los demás y lo que logramos preservar para quienes vendrán después.
Cuando el brillo se apaga y sus protagonistas se van, permanecen la memoria y los libros, quizá la forma más humana de vencer por un tiempo al olvido.
De la A a la Z: 100 VIP de las fiestas de Scarpa
Una selección de personalidades que participaron en las celebraciones de La Pinduca y quedaron asociadas a aquella etapa de la vida social de Punta del Este:
Giorgio Alliata di Montereale; Manuel Antelo; Dolores Barreiro; Jorge Batlle; Gino Bogani; Evangelina Bomparola; Graciela Borges; Jorge Bornhausen; Adriana Brodsky; Andrea Bursten; Teresa Calandra; Adolfo Cambiaso; Zoilo Cantón; Daniela Cardone; Gloria César; Paula Colombini; Alejandro Cordero; Eduardo Costantini; Teté Coustarot; Laetitia d’Arenberg; Rodrigo d’Arenberg; Cecilia de Bocourt; Carola del Bianco; Patricia Della Giovampaola; Ada de Maurier; Paula de Mora; Francisco de Narváez; Catherine Deneuve; Pancho Dotto; Alfredo Etchegaray; Mariana Fabbiani; Fairuz; Carlos Fontán Balestra; Katya Fuks; Mora Furtado; Eduardo Gattás; Roberto Giordano; Moira Gough; Alejandro Gravier; Natalia Graciano; Alexandre Grendene; Mariano Grondona; Pancho Ibáñez; Daisy Krieger Vasena de Chopitea; Claudio Lanzetta; Karina Laskarin; Mirtha Legrand; Gina Lollobrigida; María José Lovrich; Franco Macri; Mauricio Macri; Fernando Marín; Elsa Martinelli; Valeria Mazza; Isabel Menditeguy; Ana María Mestre; Patricia Miccio; Mariano Mores; Chino Moro; Sofía Neiman; Aníbal Pachano; Jorge Pacheco Areco; Mónica Parisier; Pelé; Piero; Pinky; Ricardo Piñeiro; Rolando Pisanú; Ivo Pitanguy; Teddy Pueyrredón; Karina Rabolini; Florencia Raggi; Julio Ramos; Cristiano Rattazzi; Ginette Reynal; Federico Ribero; Julia Rodríguez Larreta; Gigí Ruá; Ana Sans; Gastón Satragno; Daniel Scioli; Elsa Serrano; Henry-Jean Servat; Gerardo Sofovich; Carlos Spadone; Lorenzo Spadone; Silvana Suárez; Dewi Sukarno; Maya Swarovski; Marcela Tinayre; Susana Traverso; Daniela Urzi; María Vázquez; Pata Villanueva; Gunilla von Bismarck; Ira von Fürstenberg; Carmen Yazalde; Juan Bautista “Tata” Yofre; Roxana Zarecki y Cecilia Zuberbühler.





