Locanda: el regreso de Cipriani, al lugar donde comenzó su historia en La Barra

Locanda: el regreso de Cipriani, al lugar donde comenzó su historia en La Barra
Vista aérea del renovado complejo Locanda Cipriani en La Barra, rodeado de un entorno natural idílico.

Entre el bosque y el océano, Locanda Punta del Este reabrió sus puertas con una propuesta que integra hotelería, gastronomía italiana, bienestar, deporte y naturaleza.

El proyecto marca, además, el regreso de Giuseppe Cipriani al predio donde, más de dos décadas atrás, funcionaron el Hotel Cipriani y el recordado Cipriani Lido. La nueva etapa incorpora Harry’s Table, un spa integral, actividades abiertas durante todo el año y, en el verano, la llegada de Harry’s Dolci por primera vez a Latinoamérica.

Bienestar junto al agua: Huéspedes disfrutando de las piscinas y los espacios de solárium que forman parte de la propuesta integral del hotel.

Hay aperturas que inauguran un lugar y otras que recuperan una historia. La de Locanda Punta del Este pertenece a la segunda categoría.

Conexión con la costa: El área exterior de Locanda integra reposeras de madera, pérgolas y cortinados livianos orientados hacia el paisaje atlántico de La Barra.

El complejo ubicado en la parada 48 de La Barra volverá a recibir huéspedes con una nueva identidad, pero también con una memoria que atraviesa más de veinte años de la hotelería de Punta del Este.

Antes de ser conocido como Mantra, ese mismo edificio llevó el nombre Cipriani. Ahora, Giuseppe Cipriani regresa al punto donde comenzó su primera experiencia hotelera en el balneario. No es, por lo tanto, un desembarco. Es una vuelta.

Elegancia entre el agua y el bosque: el espacio de eventos del renovado complejo en La Barra preparado para bodas exclusivas.

En aquella primera etapa, durante la temporada 2003-2004, el Hotel Cipriani introdujo en La Barra una propuesta que combinaba alojamiento, gastronomía y vida social. Su restaurante ofrecía platos vinculados con la tradición del Harry’s Bar de Venecia, mientras que el Cipriani Lido, frente al mar, se convirtió rápidamente en uno de los escenarios emblemáticos de aquel verano.

La atmósfera cálida y sofisticada que caracteriza los eventos de Locanda Cipriani al caer la noche.

Allí se realizaron fiestas, desfiles y encuentros que quedaron ligados a la época de mayor efervescencia internacional de Punta del Este. En enero de 2004, el recordado desfile de Pancho Dotto reunió a miles de personas en Cipriani Lido y confirmó al lugar como uno de los nuevos centros de la temporada.

Poco después, el hotel fue vendido y pasó a llamarse Mantra Resort, Spa & Casino.

Con el tiempo también adoptó la denominación Punta del Este Resort & Spa, atravesó diferentes administraciones y sufrió extensos períodos de dificultades operativas. Más de dos décadas después, el Grupo Cipriani volvió a adquirirlo y comenzó su transformación.

Locanda, un nombre con historia

El nombre elegido tampoco es casual. Locanda remite a la histórica posada que la familia Cipriani creó en la isla de Torcello, en la laguna de Venecia, durante la década de 1930. Aquel refugio, apartado del movimiento de la Plaza de San Marcos, recibió a escritores, artistas, miembros de la realeza y grandes viajeros del siglo XX.

El interiorismo de las suites combina tonos neutros, líneas limpias y materiales de alta calidad, destacando la calidez de su hogar a leña.

La palabra italiana locanda define una posada, un lugar de hospitalidad cercana, donde alojamiento y gastronomía forman parte de una misma experiencia. Esa idea es la que el grupo busca reinterpretar en La Barra: un hotel integrado al paisaje, con jardines, terrazas, espacios de encuentro y una relación permanente con el mar.

Las suites con amplios balcones privados con vistas privilegiadas, discretos y privados al verde paisaje y al mar en La Barra.

La apertura también supone un adelanto de la presencia que Cipriani proyecta para Punta del Este, mientras avanza el desarrollo de su resort, residencias y casino en el predio del antiguo Hotel San Rafael.

De Venecia a Nueva York

Para comprender la dimensión del apellido hay que volver a Venecia, al 13 de mayo de 1931. Ese día, Giuseppe Cipriani —abuelo del actual empresario— abrió Harry’s Bar en un pequeño local próximo a la Plaza de San Marcos.

La historia comenzó con un gesto de confianza. Cipriani, que trabajaba como barman en el Hotel Europa, ayudó económicamente a Harry Pickering, un joven estadounidense que atravesaba dificultades. Tiempo después, Pickering regresó, devolvió el préstamo y aportó el capital necesario para abrir el bar que llevaría su nombre.

El pequeño establecimiento se convirtió en un punto de encuentro de escritores, artistas, aristócratas y figuras internacionales. Ernest Hemingway, Orson Welles, Truman Capote, Peggy Guggenheim, Katharine Hepburn y Charlie Chaplin estuvieron entre sus visitantes.

Ernest Hemingway, Giuseppe Cipriani y Ruggero Caumo en Harry’s Bar.

Allí nacieron dos creaciones que trascendieron la gastronomía italiana: el Bellini, preparado originalmente con duraznos blancos y prosecco, y el carpaccio, concebido para la condesa Amalia Nani Mocenigo y bautizado en homenaje al pintor veneciano Vittore Carpaccio.

Arrigo Cipriani, hijo del fundador, continuó el legado. Más tarde, su hijo Giuseppe —nieto de aquel primer Giuseppe— convirtió Nueva York en una de las grandes plataformas internacionales de la marca.

La llegada a Manhattan se produjo en 1985 con Harry Cipriani, en el hotel Sherry-Netherland, frente a Central Park. Desde allí, Giuseppe impulsó una expansión que alcanzó edificios emblemáticos como 42nd Street, 55 Wall Street, 25 Broadway y Grand Central Terminal. La hospitalidad veneciana conquistó así el corazón financiero y social de Nueva York antes de extenderse a Miami, Londres, Montecarlo, Ibiza, Estambul, Dubái, Hong Kong y otras capitales.

Hoy, la cuarta generación, representada por sus hijos Ignazio y Maggio, participa en la conducción de un grupo que continúa sosteniendo una idea aparentemente sencilla, aunque difícil de reproducir: servicio personal, platos reconocibles, ambientes elegantes y un lujo que no necesita estridencias.

Un resort pensado para todo el año

La nueva Locanda estará rodeada por el bosque de La Barra, a pocos minutos de la costa.

Los alrededores de Locanda Cipriani ofrecen postales de tranquilidad y paseos en plena naturaleza. Caminatas al aire libre integradas en el entorno natural de La Barra.

Su propuesta reunirá alojamiento, gastronomía, bienestar, deporte, playa y espacios para celebraciones y encuentros corporativos.

Clases de bienestar y desconexión en un entorno natural incomparable. El área de spa y wellness promueve la armonía física y mental durante todo el año.
Locanda Spa: un espacio integral concebido para el bienestar físico, mental y emocional, con tratamientos personalizados y programas de longevidad.

Uno de sus ejes será Locanda Spa, concebido como un centro integral dedicado al bienestar físico, mental y emocional.

Pausa de bienestar: Espacios de masajes y cuidado personal en el renovado predio de Cipriani.

La propuesta incluirá piscinas de hidroterapia, circuitos termales, tratamientos, experiencias de contraste y programas personalizados de recuperación física, nutrición, movimiento y descanso.

El concepto se extenderá a actividades como yoga, pilates, meditación, entrenamiento funcional y experiencias al aire libre, además de la incorporación de tecnología aplicada a tratamientos y programas de longevidad.

Actividad física y deporte al aire libre en un entorno verde y cuidado. Canchas de tenis profesionales integradas en las instalaciones deportivas del complejo.

El complejo deportivo funcionará durante todo el año y podrá ser utilizado también por quienes no estén alojados en el hotel mediante un sistema de membresías. Contará con gimnasio, sala de pesas, spinning, piscina interior, estudio de yoga y pilates, canchas de tenis y pádel, además de entrenadores para programas personalizados.

Entrenamiento todo el año: El complejo deportivo de Locanda cuenta con equipamiento de última generación, disponible tanto para huéspedes como mediante sistema de membresías.

Esta apertura anual procura responder a una transformación sostenida del destino: Punta del Este y La Barra ya no viven solamente durante enero. Cada vez más residentes y visitantes permanecen durante períodos prolongados y buscan servicios de calidad fuera de la temporada tradicional.

La mesa como punto de encuentro

El icónico Carpaccio, una creación original de la familia Cipriani, servido en la vajilla distintiva de Harry’s Table by Cipriani.

La gastronomía volverá a ocupar un lugar central, como ocurre desde hace casi un siglo en todos los proyectos de la familia.

Una mesa dispuesta en el restaurante Harry’s Bar con vistas despejadas hacia la piscina central. Gastronomía de excelencia con la elegancia y el sello inconfundible de la tradición italiana.

Harry’s Table será el restaurante principal de Locanda. Funcionará desde el desayuno hasta la cena y combinará la tradición italiana de Cipriani con productos uruguayos. Tendrá salones interiores, mesas al aire libre y servicio junto a la piscina.

Pastas artesanales y recetas tradicionales italianas que rinden homenaje a la herencia gastronómica de la marca.
La barra principal, un punto de encuentro ideal para disfrutar de la coctelería clásica.

El lobby bar, con piano de cola, ofrecerá una carta de cócteles en la que no faltará el Bellini.

El legendario Bellini: Creado por Giuseppe Cipriani en el Harry’s Bar de Venecia en 1948, el clásico cóctel de durazno blanco y prosecco es una de las estrellas del bar de Locanda.

La propuesta se completará con un pool bar, servicio en las habitaciones y espacios preparados para bodas, celebraciones y reuniones empresariales.

Gastronomía de autor: Salmón grillado con vegetales en Harry’s Table, combinando recetas de la tradición italiana con materia prima local.

Pero una de las incorporaciones más esperadas llegará durante el verano: Harry’s Dolci, el concepto nacido en Venecia en 1981, tendrá en Locanda su primera sede latinoamericana.

El original funciona en la isla de Giudecca, frente al canal y al perfil monumental de Venecia. Su desembarco en Punta del Este establecerá un nuevo puente entre dos ciudades vinculadas por el agua, la hospitalidad y una forma cosmopolita de entender el encuentro alrededor de una mesa.

El clásico aperitivo italiano, acompañado por la propuesta gastronómica mediterránea italiana del bar.

La experiencia se extenderá hasta el Casablanca Beach Club, el parador del complejo frente al mar, reforzando la conexión entre el bosque, el hotel y la costa.

El regreso a un lugar elegido

Giuseppe Cipriani nunca ocultó su vínculo con Punta del Este. Primero llegó con un hotel y un restaurante; años más tarde eligió el predio del antiguo San Rafael para desarrollar el proyecto más ambicioso del grupo en la región. Ahora regresa también a La Barra y recupera el lugar donde había comenzado aquella relación.

El regreso a La Barra: La imponente fachada de Locanda Punta del Este en la parada 48, el predio donde Giuseppe Cipriani inició su historia en el balneario.

Locanda no nace, entonces, sobre un terreno desconocido. Se instala en un edificio que conserva capas de la historia reciente del balneario: fue Hotel Cipriani, se convirtió en Mantra, cambió nuevamente de nombre y permaneció a la espera de un nuevo rumbo.

Esta vez, el apellido que estuvo en sus orígenes vuelve para reunir memoria y futuro, tradición veneciana y paisaje atlántico. Más que una nueva apertura, Locanda representa el regreso de Cipriani a uno de los lugares que eligió cuando Punta del Este empezaba a convertirse en su casa sudamericana.

Locanda reabrió sus puertas y presentó una nueva etapa con el sello de la hospitalidad Cipriani: gastronomía, hospedaje y bienestar en un entorno que combina la elegancia italiana con el espíritu distendido de La Barra y Manantiales.