López Mena abre las puertas del buque China Zorrilla

Una idea que ya navega. Punta del Este Internacional visita el ferry eléctrico a baterías más grande del mundo junto a su impulsor. De la bodega a los salones, de las baterías al puente de mando: una mirada desde adentro a una nueva etapa de la navegación entre Argentina y Uruguay.

Por Marisol Nicoletti y Nicolás Tarallo

Durante años lo habíamos escuchado hablar de esta apuesta. Estar allí, con el barco finalmente en nuestras aguas, nos permitió compartir su alegría y comprender la dimensión de lo que había emprendido.

Desde hace años, Punta del Este Internacional acompaña a los pasajeros de Buquebus con su anuario. Muchos encuentran en sus páginas una primera aproximación a Punta del Este mientras todavía están en camino. Esa presencia se sostiene en una relación de confianza y reconocimiento mutuo que ha crecido con el tiempo.
La visita tuvo un significado especial para nuestra publicación, próxima a celebrar los 25 años de su anuario coleccionable.

Una nueva escala para la navegación eléctrica
La nave acababa de realizar su primer cruce por sus propios medios entre Colonia y Buenos Aires. Construido por Incat en Hobart, Tasmania, el catamarán tiene 130 metros de eslora y capacidad para 2.100 pasajeros y 225 vehículos. Cubrirá la ruta entre la capital argentina y Colonia del Sacramento con propulsión completamente eléctrica.

La apuesta también cambia la relación del barco con el medio ambiente. Al utilizar energía almacenada en baterías, el China Zorrilla evita la quema de combustible a bordo y las emisiones directas de dióxido de carbono y otros gases contaminantes durante el cruce. Su contribución a reducir la huella de carbono depende también de cómo se genera la electricidad que lo abastece. A esa transformación se suman el menor ruido y las menores vibraciones de su sistema de propulsión, que mejoran la experiencia de los pasajeros.
Su nombre homenajea a una mujer cuya trayectoria pertenece a ambas orillas. China Zorrilla, uruguaya de nacimiento y querida por el público argentino, hizo del teatro y el cine un lugar de encuentro. La nave que la recuerda prolongará ese vínculo sobre el río.
La tecnología adquiere aquí dimensiones concretas: 5.016 módulos de baterías, distribuidos en cuatro salas, y una capacidad de almacenamiento de 41,2 megavatios hora. La transformación también se descubre puertas adentro: la imagen tradicional de una sala de máquinas da paso a un conjunto de equipos eléctricos, electrónica y controles computarizados que administran la energía y la propulsión.

Ocho motores eléctricos accionan otros tantos propulsores por chorros de agua, conocidos como waterjets. El sistema toma agua por debajo del casco y la expulsa a velocidad para impulsar la nave. Sus elementos giratorios trabajan dentro de conductos, sin las hélices exteriores de una embarcación convencional.
La recarga se realiza en puerto mediante conexiones de alta capacidad. En Colonia, UTE y la Administración Nacional de Puertos acordaron las obras de infraestructura necesarias para abastecerlo durante sus escalas. López Mena explica que las pruebas permitirán comprobar el desempeño en las condiciones del río y ajustar la autonomía y las recargas.
La propuesta para los pasajeros acompaña ese desarrollo: salones amplios, distintas clases de servicio, áreas de recreación y un duty free de 2.300 metros cuadrados. Espacio y confort completan la experiencia del cruce.

El hombre detrás de la idea
A sus 84 años, el fundador de Buquebus mantiene la ambición de llevar su empresa un paso más allá. Primero incorporó velocidad al viaje; después amplió los servicios. Ahora impulsa una innovación de alcance mundial en las aguas que unen a dos países hermanos. Su visión empresarial encuentra en esta embarcación una de sus expresiones más audaces.

Nos recibe acompañado de su actual pareja. Caminan tomados de la mano; ella lo mira con admiración y él conserva una sonrisa durante la visita. Mientras avanzamos, las explicaciones alternan con bromas. Hay familiaridad en el intercambio, fruto de tantos encuentros.
Nos cuenta que se había reunido con Robert Clifford, fundador y presidente del astillero australiano Incat, de 82 años. Casi de la misma generación, los une una larga historia de barcos construidos y la ilusión de seguir soñando juntos: ya trabajan en otro buque, del que hablaremos más adelante. Durante el recorrido, la conversación se centra en el China Zorrilla, su tecnología y los preparativos para la inauguración.
Según nos anticipa, la inauguración está prevista para el 21 de octubre y los viajes comenzarían al día siguiente. Ya sabe cómo quiere participar de ese momento: ingresar conduciendo su Tesla. Le encanta manejarlo, cuenta. La escena que anticipa reúne su entusiasmo por el vehículo que disfruta y por la embarcación que hizo posible.

También habla de sus once hijos, cuyas edades, según relata, van de los dos años y medio a los 55. Se siente joven y lo dice con humor: asegura que les gana a más de uno corriendo y caminando. Come poco, no cena y se cuida. En esos hábitos asoman disciplina y un espíritu competitivo que sigue presente. Menciona, además, la buena relación con sus anteriores esposas.
El brillo en sus ojos acompaña las referencias a la familia y al trabajo. En la conversación conviven el afecto por los suyos y el orgullo por lo construido. También se detiene a conversar con quienes trabajan a bordo, comenta los avances y sigue de cerca los preparativos. Todavía quedan pruebas y ajustes antes del servicio regular.
De las camisas a los barcos
Su historia empezó lejos de un astillero. En una entrevista anterior con Punta del Este Internacional recordó su primer trabajo, a los 13 años, como cadete en una camisería. Después llegaron su propio negocio de camisas y el paso a la actividad naviera.
De aquellos comienzos conserva episodios que ayudan a entender su manera de emprender. Uno transcurre en Japón, durante la negociación por un barco: el vendedor confió en él y le permitió llevárselo para pagarlo después. La anécdota quedó en nuestras páginas como testimonio de los años en que cada adquisición abría una posibilidad de crecimiento.
Décadas más tarde, otra conversación modificó el rumbo de una inversión. El China Zorrilla había sido pensado para funcionar con gas natural licuado. Según el relato de López Mena difundido por Incat, Clifford le planteó que el siguiente sería completamente eléctrico. El empresario propuso aplicar ese cambio al que ya estaban desarrollando.

Montaje editorial realizado con IA. Retrato de Robert Clifford: Incat.
Así nació la novena embarcación construida por Incat para Buquebus. La confianza de una relación sostenida durante años permitió asumir juntos un desafío tecnológico de gran escala.
La transformación llega a tierra

En Buenos Aires, la renovación se extiende al entorno de la terminal. En entrevistas anteriores con Punta del Este Internacional, López Mena ya nos había contado sus planes hoteleros, la ampliación de las instalaciones y el desarrollo de un complejo de 90.000 metros cuadrados en Puerto Madero, con estacionamiento inteligente, torre residencial, centro comercial y espacios verdes.

El estacionamiento ya está en funcionamiento. Lo conocimos a bordo de su Tesla, mientras nos explicaba cómo se integra a los servicios de la terminal.

En aquella entrevista había detallado tres subsuelos con 465 cocheras sobre la avenida Antártida Argentina y otras 330 previstas sobre la avenida Cecilia Grierson. El hotel y los demás desarrollos integran esa misma apuesta por acompañar al viajero más allá del cruce.

Esta vez, nos tocó descubrir a nosotros. Conocer el China Zorrilla junto a su impulsor y recorrer el estacionamiento ya operativo dio otro sentido a las entrevistas anteriores: pudimos ver de cerca cómo sus anuncios iban tomando forma.
Antes de despedirnos, anticipa que trabaja con Incat en una nueva embarcación. Sus características y plazos todavía no fueron precisados.
Un recorrido por el China Zorrilla junto a Juan Carlos López Mena, quien nos abrió las puertas del buque que durante años nos había contado como un sueño. Punta del Este Internacional comparte los momentos de una visita que nos permitió conocer su interior, descubrir su tecnología y escuchar a su impulsor.
Nos despedimos con la alegría de haber compartido un momento largamente esperado. El río, testigo de tantos viajes, está por sumar una nueva forma de cruzarlo.





