Océano Manantiales: habitar el horizonte

Abierto al Atlántico, el penthouse de Océano Manantiales propone una experiencia donde la amplitud, la arquitectura y la luz encuentran su mayor expresión en el paisaje. Un refugio en altura para sentir el mar como parte del hogar.
Hay lugares que cambian nuestra manera de mirar. Basta acercarse a una ventana para que los ojos recorran el agua hasta perderse en el horizonte y el ritmo del día encuentre otra cadencia. En el penthouse de Océano Manantiales, el encuentro entre el mar y el cielo inspira una forma de habitar: más contemplativa, más abierta, atenta a las pequeñas transformaciones de la naturaleza.

Desde lo alto, el Atlántico despliega su profundidad. La luz dibuja reflejos sobre el agua, las nubes modifican los colores y cada hora compone una escena distinta. Esa presencia le da al departamento una amplitud que continúa más allá de sus ambientes. El horizonte se vuelve una referencia cotidiana, una invitación a levantar la vista y mirar lejos.

Ubicado en primera línea sobre la ruta 10, cerca del cruce con la 104, Océano se integra al paisaje de Manantiales. La cercanía de la playa y la vida de restaurantes, cafés y tiendas del balneario permiten alternar el recogimiento de la casa con los encuentros y paseos que forman parte de la identidad del lugar.


Desarrollado por Citrea Group, con proyecto arquitectónico de Matías Casaux Alsina y construcción de Norte Construcciones, el edificio establece desde su fachada un diálogo con el océano. Sus curvas evocan el movimiento de las olas y le imprimen una expresión fluida. La arquitectura acompaña así al paisaje que tiene enfrente, con interiores que privilegian la apertura visual y la relación con el exterior.

El penthouse reúne cuatro departamentos integrados en el sexto piso y se extiende a la totalidad del séptimo. Una residencia de escala excepcional, donde los espacios de descanso y los ambientes para compartir permiten disfrutar del encuentro sin resignar intimidad.

En el sexto piso se distribuyen los dormitorios en suite, los toilettes y los sectores de lavadero. La suite principal se distingue por contar con dos baños propios, un detalle que aporta independencia y comodidad a las rutinas cotidianas.
El séptimo piso está dedicado al disfrute y la vida social. Con parrillero, cocina y tres toilettes, ofrece un ámbito para recibir, compartir una mesa y prolongar las conversaciones mientras la luz transforma el paisaje.

La propiedad cuenta, además, con una cancha de pádel cerrada de uso exclusivo, equipada con dos vestuarios y dos baños, y 24 cocheras privadas. Una infraestructura singular que amplía las posibilidades de la residencia y permite incorporar el deporte y los encuentros a la vida de la casa.
La carpintería exterior con doble vidrio hermético, la losa radiante y el aire acondicionado aportan confort durante todo el año. Los pisos de porcelanato español, las griferías Hansgrohe y los electrodomésticos panelables se integran a una propuesta de interiores cuidada, que deja al paisaje ocupar el centro de la escena.

La experiencia se completa con piscinas climatizadas, gimnasio, sala de yoga y pilates, saunas y jardines. Espacios que acompañan una vida vinculada al bienestar y al disfrute, con la posibilidad de volver siempre a la intimidad del departamento y a su encuentro con el horizonte.

Habitar este penthouse es también dimensionar la naturaleza que entra al hogar. La luz alcanza los ambientes, el movimiento del mar acompaña las horas y el cielo recuerda, con sus cambios, que ningún día es igual a otro. Frente a esa inmensidad, lo cotidiano encuentra una escala más serena. Y la casa se convierte en un lugar desde el cual sentirse parte de algo mayor: respirar, contemplar y dejar que el horizonte abra también un espacio interior.






