Cristian Pastorino: raíces en la tierra, rumbo al mar

Cristian Pastorino: raíces en la tierra, rumbo al mar

El surf abrió el camino; la amistad y una inquietud compartida lo convirtieron en una nueva etapa de vida. Con una historia familiar vinculada al campo, Cristian Pastorino desarrolló en Punta del Este El Muelle, una empresa que acompaña al navegante desde la elección de su embarcación hasta su mantenimiento, administración y disfrute.

Antes del mar estuvieron la tierra y una historia de trabajo que atravesó generaciones. El agua fue encontrando su lugar durante los veranos de infancia en Punta del Este y, más adelante, sobre una tabla de surf, cuando practicar ese deporte en Uruguay exigía entusiasmo e ingenio para conseguir el equipo. Después llegarían los veleros, los viajes entre amigos y una pregunta que terminaría cambiando su rumbo: ¿cómo facilitarles la vida a quienes querían navegar?

Nacido en Montevideo, Cristian Pastorino pertenece a la cuarta generación de una familia ligada a la actividad agropecuaria. Entre sus referentes aparece su abuelo paterno, Andrés Pastorino, médico cirujano, emprendedor y presidente fundador de Conaprole. Su legado combinó la producción con el compromiso comunitario.
En Rincón del Pino, San José, donde la familia desarrolló un importante establecimiento frutícola, impulsó la llegada de las religiosas de María Auxiliadora y la creación de un colegio. Allí podían estudiar los hijos de los trabajadores de la zona, independientemente de sus posibilidades económicas. Ese lugar permanece como un núcleo de pertenencia y memoria familiar.

Lanchas, yates, veleros y catamaranes: distintas formas de descubrir el mar, según cada estilo de vida

Cristian encontró otro horizonte sin desprenderse de esas raíces. La confianza, la dedicación y la responsabilidad con los demás también tendrían su lugar en la costa.

Una amistad que encontró su rumbo

El surf fue su primera pasión deportiva. Lo practicó durante años, hasta que los problemas de espalda lo llevaron a dejar la tabla. Para entonces, la navegación ya le había abierto otras posibilidades.
Con Álvaro Bermúdez, su amigo y hoy socio, compartía salidas en velero y viajes a Angra dos Reis, en Brasil. El vínculo entre ambos también enlazaba a sus familias, con amistades de juventud y padrinazgos que precedían a cualquier proyecto empresarial.
Bermúdez contaba con experiencia en el sector náutico en Montevideo. Pastorino atravesaba una reorganización de su actividad en el campo cuando surgió una conversación sobre Punta del Este: reconocían allí una necesidad de servicios para quienes tenían un barco o deseaban adquirirlo.
Durante un fin de semana recorrieron la zona y coincidieron en las posibilidades que ofrecía. Cristian comenzó a visitar puertos, escuchar a los propietarios y buscar soluciones a sus dificultades cotidianas. Esa tarea fue dando forma a El Muelle, cuyas obras comenzaron en 2008 y cuya actividad empresarial se formalizó en 2009.

La náutica deportiva plantea nuevos desafíos para Punta del Este, que busca acompañar su proyección internacional con mayor infraestructura y servicios

Cuando le propuso a Bermúdez sumarse, la sociedad encontró una base firme en los años compartidos. Según recuerda Pastorino, la iniciativa vino a cubrir un espacio que entonces carecía de una respuesta integral en Maldonado: reunir la comercialización de embarcaciones con la atención que sus dueños necesitaban después de comprarlas.

Punta del Este, de cara al agua

«No vivir de espaldas al océano, al mar». La frase resume su invitación a relacionarse de otra manera con el destino.
Para hacerlo, sostiene, cada persona debe encontrar una opción acorde con sus intereses y posibilidades. Puede ser una tabla de remo, un gomón, una lancha o un velero. El punto de partida es saber qué se busca: unas horas con amigos, deportes acuáticos, paseos familiares o travesías con noches a bordo.

Para Cristian Pastorino, el verdadero sentido de su trabajo está en acompañar a cada propietario hasta el momento de soltar amarras y disfrutar del mar

Entre sus clientes hay uruguayos, argentinos, europeos, estadounidenses y brasileños. Algunos conocen bien ese universo; otros se acercan por primera vez, con tantas ganas como preguntas.
¿Cuánto cuesta empezar? Pastorino menciona, como referencia, gomones usados en buen estado desde USD 12.000 a USD 15.000. En determinadas lanchas nuevas, los valores pueden partir de aproximadamente USD 150.000, según el modelo, la motorización y el equipamiento.
Entender las dimensiones también ayuda a imaginar la experiencia. Una embarcación de 22 pies tiene unos 6,7 metros de eslora, es decir, de longitud; una de 25 pies alcanza los 7,6 metros, y una de 35 pies ronda los 10,7 metros. Esas diferencias inciden en la capacidad a bordo, las prestaciones y la logística necesaria para guardarla o trasladarla.

Elegir hasta el último detalle

La compra puede convertirse en un proyecto tan personal como el de una vivienda. El color del casco, las tapicerías, los motores y los accesorios admiten distintas configuraciones. En unidades de mayor porte, incluso es posible decidir la distribución y la cantidad de camarotes, dentro de las alternativas que ofrece cada astillero.
La tarea empieza por escuchar. Luego se estudian modelos, se comparan prestaciones y se ajusta el pedido. Esa conversación puede darse en la oficina, en la casa del cliente o alrededor de una mesa, con una computadora y tiempo para revisar las opciones.
El Muelle representa marcas que abarcan diferentes formas de disfrutar el agua: Regal, Azimut, Chris-Craft, Dufour, Bavaria Yachts, Fountaine Pajot, Nautique y Sealegs. Su propuesta comprende desde lanchas y embarcaciones para deportes acuáticos hasta yates, veleros y catamaranes.

La elección de una embarcación reúne decisiones técnicas y personales para encontrar el modelo que mejor se adapta a cada navegante

Hay una recomendación que Pastorino considera fundamental: anticiparse. Para quien desea estrenar durante el verano, aconseja comenzar a definir la compra en otoño y procurar encargarla antes de mayo. Ese margen permite organizar el presupuesto, la fabricación y el transporte, siempre de acuerdo con los plazos del astillero. La primavera despierta las ganas de salir, pero puede llegar tarde para un pedido personalizado.

El servicio continúa en tierra

«¿Quién me la cuida cuando no estoy?». La inquietud aparece pronto y explica buena parte de la actividad de la empresa.
La respuesta se adapta a cada propietario. Puede incluir guarda, mantenimiento mecánico y eléctrico, seguros, matriculaciones, coordinación de inspecciones y administración. Cuando corresponde, también se brinda asistencia con la estructura societaria vinculada al barco o con la selección de capitán y personal de a bordo.

Desde Punta Ballena, El Muelle acompaña a navegantes y propietarios en cada etapa, desde la elección de la embarcación hasta su mantenimiento

Algunos delegan la gestión completa; otros solicitan ayuda en un aspecto puntual. En su local de Punta Ballena, El Muelle dispone además de guardería para unidades de menor porte, de hasta unos 35 pies, según sus características y los requerimientos de traslado.
El acompañamiento alcanza una instancia especialmente sensible para quienes comienzan: aprender a maniobrar. Pastorino procura que el dueño gane seguridad y conozca su equipo para que el regreso a puerto resulte tan agradable como la salida. Cinco minutos de tensión al entrar a una amarra pueden empañar una tarde entera; la práctica permite afrontar ese momento con tranquilidad.

Un horizonte que exige planificación

Durante la pandemia, observa Cristian, las embarcaciones adquirieron un valor particular. Ofrecían contacto con la naturaleza, intimidad y una sensación de libertad en tiempos de restricciones.
Sin embargo, considera que la llegada de nuevos residentes a Maldonado no se ha traducido en un crecimiento proporcional de la náutica deportiva. En su diagnóstico, la infraestructura disponible limita las posibilidades de expansión.
Punta del Este necesita, sostiene, ampliar su capacidad para recibir barcos y ofrecer prestaciones acordes con su proyección internacional. Lo plantea como una tarea de largo plazo, que requiere coordinación entre autoridades y actores privados. La atención que despierta el destino debe ir acompañada de condiciones para responder a esa demanda.

Una amistad de años y la pasión compartida por la navegación dieron origen a El Muelle, una propuesta integral para los amantes del mar

Mientras mira ese futuro, su trabajo conserva una escala cercana: escuchar a quien sueña con su primera lancha, resolver una dificultad y preparar cada salida.
Cristian cambió el paisaje de sus días, pero mantuvo una forma de entender los vínculos. En El Muelle, aquella amistad que dio origen al proyecto se prolonga en el trato con quienes llegan. Y el trabajo encuentra su recompensa cuando una familia sube a bordo, suelta amarras y empieza a disfrutar.

Ver además: El Muelle – Náutica deportiva