El escudo que el olvido salvó: 223 años de historia de Maldonado

Nació el 29 de agosto de 1803, cuando el rey Carlos IV de España autorizó al Cabildo de San Fernando de Maldonado a incorporar una ballena y un ancla a sus armas. Atravesó invasiones, cambios de soberanía, guerras y el nacimiento de la República hasta convertirse en el símbolo oficial en uso más antiguo del Uruguay. Sin embargo, una de las claves de su extraordinaria supervivencia fue paradójica: durante décadas, la Real Cédula que certificaba su origen permaneció olvidada en un archivo.
A 223 años de su creación, Leandro Scasso Burghi, docente e investigador de la historia fernandina, reconstruye el largo recorrido de un emblema nacido en tiempos coloniales que terminó identificando a todo el departamento. Su investigación permite seguir la huella de un documento que desapareció, fue encontrado en el siglo XIX, volvió a perderse entre los archivos y finalmente pudo ser localizado y digitalizado en el siglo XXI.

Dos ciudades y dos escudos
Para comprender la excepcionalidad del escudo de Maldonado hay que regresar al territorio de la Banda Oriental de finales del siglo XVIII. Durante la época colonial, San Felipe y Santiago de Montevideo y San Fernando de Maldonado alcanzaron la condición de ciudades y contaron con sus respectivos cabildos y escudos de armas.
El de Montevideo tuvo un origen anterior, pero fue modificado con el transcurso del tiempo y especialmente durante la etapa republicana. El de Maldonado siguió un camino diferente y consiguió mantener los elementos esenciales de aquel emblema nacido bajo la Corona española, una continuidad que lo convierte en el símbolo oficial actualmente en uso de mayor antigüedad en Uruguay.

San Fernando de Maldonado había recibido la categoría de ciudad en 1784. Años después, el 12 de noviembre de 1798, su Cabildo se dirigió al rey Carlos IV solicitando que el escudo incorporara un lobo marino y una pluma como caracteres propios de la ciudad. El primero estaba relacionado con una actividad económica fundamental de aquella región costera, mientras que la pluma aludía al desarrollo intelectual de la comarca. La petición no obtuvo respuesta.

Una ballena y un ancla
Cuatro años después, el Cabildo volvió a intentarlo. El 15 de noviembre de 1802 presentó una nueva solicitud, pero esta vez cambió los símbolos: el lobo marino fue sustituido por una ballena y la pluma dejó lugar a un ancla, vinculada a la importancia y las condiciones excepcionales del puerto de Maldonado.
Esta vez la respuesta llegó. El 29 de agosto de 1803, desde La Granja de San Ildefonso, Carlos IV firmó la Real Cédula que permitió a la ciudad incorporar a sus armas el diseño de una ballena y un ancla. El monarca concedió lo solicitado, aunque acompañó su aprobación con una advertencia a los cabildantes: en adelante debían canalizar ese tipo de pretensiones a través de las autoridades correspondientes, es decir, del virrey del Río de la Plata con sede en Buenos Aires, en lugar de dirigirse directamente al rey.

Aquella Real Cédula se convirtió en el verdadero certificado de nacimiento del escudo. El Cabildo la recibió con júbilo y el 20 de diciembre de 1803 respondió al monarca expresando su agradecimiento y obediencia. Comenzaba entonces una historia que terminaría siendo mucho más accidentada de lo que aquellos cabildantes podían imaginar.
El hombre que lo encontró
En 1877, Elías Lucas Devincenzi encontró entre los antiguos papeles del archivo del Cabildo de San Fernando de Maldonado aquella documentación que llevaba décadas olvidada. Devincenzi tendría una destacada trayectoria pública en el departamento: fue secretario y presidente de la Junta Económico Administrativa, jefe político y de Policía y diputado nacional por Maldonado.
En 1894, siendo diputado, tomó una decisión fundamental para la recuperación del símbolo. Encargó al maestro Golino, de la Escuela Nacional de Artes y Oficios de Montevideo —antecedente histórico de la actual UTU—, la representación artística del escudo tomando como referencia la documentación encontrada.

A finales del siglo XIX, aquella imagen comenzó a ser conocida nuevamente por los habitantes de Maldonado. La historiadora María A. Díaz de Guerra recogió posteriormente la historia de esa recuperación y la descripción del emblema, en el que aparecen el mar agitado, una poderosa ballena, el ancla y el almenado de castillos que corona la composición.
Un documento perdido dos veces
La historia todavía tendría otro capítulo inesperado. Díaz de Guerra había dejado constancia de que la Real Cédula se encontraba depositada en la Sección Documentos Especiales de la Biblioteca Nacional. Sin embargo, cuando Scasso consultó a la institución en 2017 para confirmar la existencia y el estado de conservación del original, la búsqueda resultó negativa: se disponía de transcripciones impresas, pero el documento no aparecía.
El investigador retomó la búsqueda años después. En noviembre de 2023, a partir de un contacto con quien entonces dirigía la Biblioteca Nacional, Valentín Trujillo, se realizaron nuevas averiguaciones que tampoco permitieron encontrarlo inicialmente. Finalmente, las gestiones efectuadas por Joaquín Garlo Alonsopérez ante la propia Biblioteca Nacional permitieron localizar en la Sección Documentos Especiales la Real Cédula original y obtener una reproducción digital.
Doscientos veinte años después de haber sido firmada por Carlos IV, aquella hoja que había atravesado invasiones, guerras, mudanzas institucionales y largos períodos de olvido volvía a aparecer. El documento físico continúa conservado en la Biblioteca Nacional y su imagen digital permite hoy contemplar el testimonio que certifica el nacimiento del escudo.
Del escudo de una ciudad al símbolo de un departamento
El emblema que en 1803 pertenecía a San Fernando de Maldonado terminó trascendiendo los límites de aquella ciudad para convertirse en símbolo de todo el departamento. Durante décadas estuvo presente en las matrículas de sus vehículos, antes de la adopción de las actuales placas Mercosur, y continúa identificando a las instituciones del Gobierno Departamental.
También encontró un lugar mucho menos solemne, pero quizá igualmente poderoso, en la memoria afectiva de los maldonadenses. El escudo estuvo en la camiseta de la histórica selección de fútbol de Maldonado, la recordada “Esperanza Blanca”, que disputaba los campeonatos del Este y del Interior. Para generaciones enteras, aquella ballena y aquella ancla dejaron de pertenecer exclusivamente a los documentos y a la heráldica para convertirse en una señal de pertenencia.
Esa dimensión emocional explica por qué un símbolo consigue atravesar los siglos. Los cabildantes de 1803 buscaron representar aquello que consideraban fuente de riqueza y prosperidad para su ciudad, pero la imagen que eligieron terminó adquiriendo significados que ellos jamás pudieron prever.
El mar que sigue uniendo a Maldonado
La ballena remitía a una actividad económica vinculada estrechamente con aquellas costas y el ancla expresaba la importancia estratégica de un puerto fundamental para el comercio, la navegación y la defensa. Más de dos siglos después, el mar continúa siendo uno de los grandes elementos de identidad de Maldonado, aunque nuestra relación con él haya cambiado profundamente.
Las ballenas que alguna vez fueron perseguidas por su valor económico regresan cada año a estas costas convertidas en uno de los espectáculos naturales más extraordinarios del departamento. El territorio que entonces miraba hacia el océano buscando comercio y recursos encuentra hoy en ese mismo paisaje buena parte de su identidad turística, ambiental y cultural.

Quizá por eso resulte tan difícil imaginar qué símbolos elegiríamos si Maldonado tuviera que diseñar hoy nuevamente su escudo. Cada localidad podría reivindicar los propios: la Torre del Vigía para Maldonado, la iglesia de San Carlos, el cerro Pan de Azúcar, los cerros y la costa de Piriápolis o las imágenes que identifican a Punta del Este. Dos siglos de historia han multiplicado las identidades dentro de un mismo territorio.
Sin embargo, la ballena, el ancla y el mar consiguieron sobrevivir a todas ellas. Nacieron cuando Maldonado todavía respondía a un rey situado al otro lado del océano y terminaron convirtiéndose en patrimonio de una comunidad republicana que hizo suyo aquel antiguo emblema.

223 años después
Este 29 de agosto, el escudo de Maldonado cumple 223 años. La fecha vuelve a poner en primer plano una historia que Leandro Scasso Burghi ha investigado durante años y que permite comprender por qué detrás de una imagen que vemos en edificios públicos, documentos o antiguos recuerdos deportivos existe una aventura histórica extraordinaria.
La Real Cédula sobrevivió a la invasión inglesa, permaneció olvidada durante décadas, fue encontrada por Devincenzi en el siglo XIX y volvió a desaparecer de la mirada pública hasta ser localizada nuevamente en la Biblioteca Nacional en el siglo XXI. Mientras tanto, la ciudad se transformó, cambiaron las fronteras, nacieron nuevos departamentos y el Uruguay se convirtió en una nación independiente.
En medio de todas esas transformaciones, la ballena y el ancla permanecieron. Tal vez allí radique el verdadero valor del escudo de Maldonado: no solamente en ser el símbolo oficial en uso más antiguo del Uruguay, sino en haber conseguido unir, durante más de dos siglos, a quienes imaginaron esta tierra en tiempos coloniales con quienes hoy continúan reconociéndose en ella.





