Gorlero: el apellido que ayudó a construir Punta del Este

Gorlero: el apellido que ayudó a construir Punta del Este
Antes de llevar el nombre de Juan Bautista Gorlero, la actual avenida era la calle Cuatro: un sencillo camino de tierra que unía el puerto con el naciente balneario. En 1918 fue rebautizada en homenaje al primer intendente de Maldonado y a una familia que, durante tres generaciones, ayudó a construir el futuro de Punta del Este.

Por Marisol Nicoletti

La principal avenida de Punta del Este se prepara para escribir un nuevo capítulo de su historia. El proyecto de revalorización impulsado por la Intendencia de Maldonado y el Municipio de Punta del Este propone recuperar el corazón histórico y comercial de la península mediante una renovación integral del espacio público: nuevas veredas, más áreas verdes, mejor iluminación, mobiliario urbano contemporáneo, accesibilidad, tecnología y una reorganización del tránsito para devolverle a Gorlero el protagonismo que siempre tuvo.

Cada generación deja su huella sobre una ciudad. Hoy le toca comenzar una nueva transformación.

Y quizás sea precisamente este el momento para volver al origen y recordar quién fue el hombre cuyo apellido terminó convirtiéndose en el nombre de la avenida más emblemática de Punta del Este.

Tres generaciones dejaron su huella en la historia de Maldonado y Punta del Este. Domingo Gorlero llegó desde Génova tras un naufragio; su hijo Juan Bautista fue el primer intendente de Maldonado y uno de los impulsores del naciente balneario; y su nieto, el comodoro Juan Máximo Gorlero, continuó ese legado desde la navegación, la actividad empresarial y su permanente compromiso con la ciudad.

Porque mucho antes de ser el paseo donde miles de personas caminan cada verano, Gorlero fue el apellido de una familia que ayudó a imaginar una ciudad donde todavía sólo existían médanos, viento y mar.

Hay apellidos que bautizan una calle. Y hay otros que terminan definiendo el destino de una ciudad. Gorlero pertenece a esa segunda categoría. La historia de los Gorlero no es solamente la historia de una familia. Es la historia de tres generaciones que acompañaron el nacimiento de Punta del Este cuando la península era apenas una promesa frente al océano.

Como ocurre en las grandes aventuras, todo comenzó con un naufragio. Un naufragio que cambió un destino. Domingo Gorlero, un intrépido navegante genovés, llegó a las costas de Maldonado después de que el barco en el que viajaba naufragara frente al litoral uruguayo. Lo que para muchos habría significado el final de una travesía, para él fue el comienzo de una nueva vida.

Aquella tierra aún despoblada no le ofrecía riquezas ni certezas. Apenas un paisaje inmenso de dunas, campos abiertos y un mar que parecía infinito. Sin embargo, decidió quedarse. Se casó con la joven criolla Manuela Núñez y formó una familia cuyos descendientes quedarían para siempre ligados a la historia del departamento.

La residencia del comodoro Juan Máximo Gorlero se levantaba sobre la avenida que hoy lleva el apellido familiar. La casona desapareció con el crecimiento de la ciudad; en ese sector se emplazan actualmente un edificio y la sede de la Alcaldía de Punta del Este, uno de los organismos que impulsa la nueva transformación de Gorlero.

De esa unión nació, en 1849, Juan Bautista Gorlero Núñez, el hombre que décadas más tarde tendría un papel decisivo en la transformación de Maldonado y de la pequeña península que comenzaba a despertar.

El primer intendente

Cuando Juan Bautista Gorlero asumió como primer intendente de Maldonado, en 1909, Punta del Este era muy distinta de la ciudad que hoy conocemos.

Costaba encontrar árboles. Los caminos eran de arena. Algunas pocas construcciones resistían el viento del océano y el movimiento del puerto era todavía modesto. Sin embargo, detrás de ese paisaje austero comenzaba a gestarse una visión extraordinaria.

Gorlero comprendió que el futuro del departamento estaba íntimamente ligado a aquella península privilegiada entre el Río de la Plata y el Atlántico.

Durante su gestión, que se extendió hasta 1913, impulsó obras fundamentales de infraestructura y alentó inversiones privadas que comenzarían a cambiar para siempre el perfil del balneario. Gobernó un pueblo, pero pensó una ciudad.

Tres hombres, un mismo sueño

Los grandes procesos de transformación rara vez son obra de una sola persona. Punta del Este tampoco lo fue.

Juan Bautista Gorlero encontró en Antonio Lussich y en el presidente Claudio Williman dos aliados con la misma capacidad para mirar más allá del presente.

Tras el devastador incendio de 1894, la Isla Gorriti perdió gran parte de su vegetación. Juan Bautista Gorlero apoyó a Antonio Lussich en la recuperación de la isla, una tarea en la que también participó el forestador Enrique Burnett. Aquella experiencia se integró al gran proyecto de forestación que transformó para siempre el paisaje de Maldonado: la Isla Gorriti, Punta Ballena, la costa de la Mansa y buena parte de la península dejaron de ser un territorio de médanos y arena para convertirse en el entorno arbolado que hizo posible el nacimiento del balneario moderno.

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Con Lussich compartía la convicción de que la naturaleza podía ser transformada sin perder su esencia. Después del devastador incendio que afectó la Isla Gorriti, ambos participaron de las tareas destinadas a devolverle vida a ese territorio. Aquella reforestación fue mucho más que un gesto ambiental: simbolizaba la voluntad de reconstruir y proyectar.

Durante décadas, quienes llegaban a la península lo hacían en carruajes y sulkys, atravesando el histórico paso de La Aguada, en la actual parada 24 de la Mansa. Desde la época colonial, ese lugar fue el principal punto de abastecimiento de agua dulce para los navegantes que recalaban en la bahía de Maldonado.

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on Claudio Williman compartía una visión de país. Durante su presidencia comenzaron algunas de las obras que marcarían el desarrollo definitivo del departamento. La construcción de la carretera que unió Maldonado con Punta del Este fue una de ellas. Atravesaba un paisaje donde predominaban la arena y los médanos. Hoy resulta difícil imaginar que la actual rambla Claudio Williman nació como un camino abierto entre dunas prácticamente deshabitadas.

Claudio Williman (1861–1934), presidente de la República entre 1907 y 1911, fue uno de los grandes impulsores de las obras que marcaron el nacimiento de la Punta del Este moderna. Junto a Juan Bautista Gorlero y Antonio Lussich compartió la visión de transformar una península de médanos en un balneario de proyección internacional.

Pero aquella obra acercó definitivamente la península al resto del departamento y abrió las puertas a una nueva etapa.

El empresario detrás del gobernante

Además de su actividad pública, Juan Bautista Gorlero fue un destacado empresario. Su experiencia en el Banco de la República, donde se desempeñó como gerente de la sucursal de Maldonado desde 1897, le permitió comprender el enorme potencial económico que encerraba aquella región.

El incipiente puerto de Punta del Este comenzaba a convertirse en el motor del desarrollo de la península. A su alrededor crecían las primeras construcciones, llegaban los visitantes y tomaba forma el balneario que soñaron los pioneros .

Su espíritu emprendedor, heredado de su padre navegante, lo llevó a fundar la Compañía de Salvatajes y Navegación del Este, dedicada al rescate de embarcaciones en dificultades y al transporte de pasajeros y mercaderías entre Montevideo, Buenos Aires y puertos brasileños. El mar seguía siendo parte de la identidad de los Gorlero. Pero ahora ya no era solamente una ruta de navegación. También era un puente hacia el desarrollo.

Más tarde impulsó la sociedad inmobiliaria Bola de Nieve, destinada a promover inversiones y adquirir tierras que resultarían fundamentales para el crecimiento del balneario.

Cuando comenzó a cambiar el paisaje

Los primeros años del siglo XX marcaron un antes y un después. Durante ese período comenzaron a llegar capitales uruguayos y argentinos que encontraron en la península un territorio con enorme potencial. Uno de los símbolos de aquella transformación fue el Hotel Biarritz. Su inauguración, en 1912, representó mucho más que la apertura de un establecimiento hotelero. Era la confirmación de que Punta del Este comenzaba a convertirse en un destino turístico de categoría internacional.

También por iniciativa de Gorlero llegaron las primeras casas prefabricadas de madera importadas desde Noruega. Aquellas construcciones sorprendían por su diseño y por la rapidez con la que podían levantarse en un lugar donde hasta entonces predominaban edificaciones sencillas.

Las Delicias, hacia la actual Mansa, fue uno de los primeros paseos costeros de la zona. Su nombre evocaba los “deliciosos baños de mar”, a los que se atribuían propiedades saludables, y antecedió el camino hacia la península y la futura avenida Gorlero.

Mientras tanto, el ferrocarril llegaba a Maldonado, el puerto se ampliaba, se mejoraban los caminos y comenzaban los primeros estudios de saneamiento. Poco a poco, el sueño empezaba a tomar forma.

La llegada del ferrocarril a Maldonado, el 15 de diciembre de 1910, marcó un antes y un después en el desarrollo del departamento. Dos décadas más tarde, el 1.º de enero de 1930, las vías se extendieron hasta Punta del Este, acercando el balneario al país y multiplicando la llegada de visitantes durante las primeras temporadas de verano.

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El tiempo de las dificultades

Pero la historia rara vez avanza en línea recta. La Primera Guerra Mundial alteró profundamente la economía internacional y afectó los negocios de Juan Bautista Gorlero. Muchas inversiones se detuvieron y varios de sus emprendimientos sufrieron importantes pérdidas. En 1916 falleció quien había sido el primer intendente de Maldonado y uno de los principales impulsores del desarrollo de la península. Dos años después, el 15 de julio de 1918, la Junta Económico-Administrativa resolvió homenajearlo bautizando con su nombre a la entonces calle Nº 4 del pueblo. La decisión fue aprobada por unanimidad. Sin proponérselo, comenzaba a nacer uno de los nombres más conocidos de Punta del Este.

El legado continúa

La historia de los Gorlero no terminó con Juan Bautista. Su hijo, el comodoro Juan Máximo Gorlero Aguirre, heredó tanto la pasión por el mar como el compromiso con la ciudad. Durante años dirigió la Compañía de Salvatajes y Navegación del Este y navegó personalmente sus embarcaciones. En uno de aquellos viajes, al regresar desde Santos, estuvo a punto de naufragar frente a Cabo Polonio. La experiencia convenció a su esposa de pedirle que abandonara definitivamente la navegación y concentrara su actividad en los negocios familiares. También dejó su huella en Punta del Este con la construcción de la histórica casa de piedra de la familia, ubicada sobre la avenida que llevaba el nombre de su padre.

Desde sus ventanas se contemplaban el puerto y el mar. Con el paso de las décadas, el crecimiento urbano transformó completamente ese paisaje. La casa desapareció, pero la memoria permaneció.

El comodoro también desarrolló una intensa actividad institucional en el Club Nacional de Regatas, el Yacht Club Argentino, el Yacht Club Uruguayo y el Yacht Club de Punta del Este. Quienes lo conocieron solían describirlo de una manera sencilla y elocuente: era un buen vecino. Quizás ese haya sido el mayor reconocimiento que recibió.

Mucho más que una avenida

Hoy miles de personas recorren Gorlero sin detenerse a pensar quién fue el hombre que le dio nombre a esa avenida.

Antes de convertirse en la principal avenida de Punta del Este, este era el camino de arena que unía Maldonado con la península. Entre médanos y costa, comenzó a trazarse la ruta que abriría el futuro del balneario y marcaría el inicio del desarrollo de Gorlero.

Sin embargo, detrás de cada cartel y de cada esquina permanece la historia de una familia que llegó desde el mar, convirtió la adversidad en oportunidad y ayudó a imaginar una ciudad cuando todavía era apenas un puñado de médanos frente al océano. Ahora que la avenida inicia una nueva transformación, también renace la memoria. Cambiarán las veredas, la iluminación, el mobiliario urbano y los espacios públicos. Pero hay algo que permanecerá intacto. El nombre.

Porque Gorlero ya no identifica solamente una avenida.

Al caer la tarde, los primeros veraneantes contemplaban el horizonte desde una península que recién comenzaba a descubrir su destino. Frente a ellos estaba el mismo mar; detrás, una ciudad que apenas empezaba a hacerse realidad gracias al sueño de sus pioneros.

Es el recuerdo permanente de quienes supieron mirar más lejos que su tiempo y comprender que las ciudades más extraordinarias siempre nacen mucho antes de ser construidas: nacen en la imaginación de sus pioneros.