Gorlero: el apellido que ayudó a construir Punta del Este

Por Marisol Nicoletti
La principal avenida de Punta del Este se prepara para escribir un nuevo capítulo de su historia. El proyecto de revalorización impulsado por la Intendencia de Maldonado y el Municipio de Punta del Este propone recuperar el corazón histórico y comercial de la península mediante una renovación integral del espacio público: nuevas veredas, más áreas verdes, mejor iluminación, mobiliario urbano contemporáneo, accesibilidad, tecnología y una reorganización del tránsito para devolverle a Gorlero el protagonismo que siempre tuvo.
Cada generación deja su huella sobre una ciudad. Hoy le toca comenzar una nueva transformación.
Y quizás sea precisamente este el momento para volver al origen y recordar quién fue el hombre cuyo apellido terminó convirtiéndose en el nombre de la avenida más emblemática de Punta del Este.

Porque mucho antes de ser el paseo donde miles de personas caminan cada verano, Gorlero fue el apellido de una familia que ayudó a imaginar una ciudad donde todavía sólo existían médanos, viento y mar.
Hay apellidos que bautizan una calle. Y hay otros que terminan definiendo el destino de una ciudad. Gorlero pertenece a esa segunda categoría. La historia de los Gorlero no es solamente la historia de una familia. Es la historia de tres generaciones que acompañaron el nacimiento de Punta del Este cuando la península era apenas una promesa frente al océano.
Como ocurre en las grandes aventuras, todo comenzó con un naufragio. Un naufragio que cambió un destino. Domingo Gorlero, un intrépido navegante genovés, llegó a las costas de Maldonado después de que el barco en el que viajaba naufragara frente al litoral uruguayo. Lo que para muchos habría significado el final de una travesía, para él fue el comienzo de una nueva vida.
Aquella tierra aún despoblada no le ofrecía riquezas ni certezas. Apenas un paisaje inmenso de dunas, campos abiertos y un mar que parecía infinito. Sin embargo, decidió quedarse. Se casó con la joven criolla Manuela Núñez y formó una familia cuyos descendientes quedarían para siempre ligados a la historia del departamento.

De esa unión nació, en 1849, Juan Bautista Gorlero Núñez, el hombre que décadas más tarde tendría un papel decisivo en la transformación de Maldonado y de la pequeña península que comenzaba a despertar.
El primer intendente
Cuando Juan Bautista Gorlero asumió como primer intendente de Maldonado, en 1909, Punta del Este era muy distinta de la ciudad que hoy conocemos.
Costaba encontrar árboles. Los caminos eran de arena. Algunas pocas construcciones resistían el viento del océano y el movimiento del puerto era todavía modesto. Sin embargo, detrás de ese paisaje austero comenzaba a gestarse una visión extraordinaria.
Gorlero comprendió que el futuro del departamento estaba íntimamente ligado a aquella península privilegiada entre el Río de la Plata y el Atlántico.
Durante su gestión, que se extendió hasta 1913, impulsó obras fundamentales de infraestructura y alentó inversiones privadas que comenzarían a cambiar para siempre el perfil del balneario. Gobernó un pueblo, pero pensó una ciudad.
Tres hombres, un mismo sueño
Los grandes procesos de transformación rara vez son obra de una sola persona. Punta del Este tampoco lo fue.
Juan Bautista Gorlero encontró en Antonio Lussich y en el presidente Claudio Williman dos aliados con la misma capacidad para mirar más allá del presente.

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Con Lussich compartía la convicción de que la naturaleza podía ser transformada sin perder su esencia. Después del devastador incendio que afectó la Isla Gorriti, ambos participaron de las tareas destinadas a devolverle vida a ese territorio. Aquella reforestación fue mucho más que un gesto ambiental: simbolizaba la voluntad de reconstruir y proyectar.

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on Claudio Williman compartía una visión de país. Durante su presidencia comenzaron algunas de las obras que marcarían el desarrollo definitivo del departamento. La construcción de la carretera que unió Maldonado con Punta del Este fue una de ellas. Atravesaba un paisaje donde predominaban la arena y los médanos. Hoy resulta difícil imaginar que la actual rambla Claudio Williman nació como un camino abierto entre dunas prácticamente deshabitadas.

Pero aquella obra acercó definitivamente la península al resto del departamento y abrió las puertas a una nueva etapa.
El empresario detrás del gobernante
Además de su actividad pública, Juan Bautista Gorlero fue un destacado empresario. Su experiencia en el Banco de la República, donde se desempeñó como gerente de la sucursal de Maldonado desde 1897, le permitió comprender el enorme potencial económico que encerraba aquella región.

Su espíritu emprendedor, heredado de su padre navegante, lo llevó a fundar la Compañía de Salvatajes y Navegación del Este, dedicada al rescate de embarcaciones en dificultades y al transporte de pasajeros y mercaderías entre Montevideo, Buenos Aires y puertos brasileños. El mar seguía siendo parte de la identidad de los Gorlero. Pero ahora ya no era solamente una ruta de navegación. También era un puente hacia el desarrollo.
Más tarde impulsó la sociedad inmobiliaria Bola de Nieve, destinada a promover inversiones y adquirir tierras que resultarían fundamentales para el crecimiento del balneario.
Cuando comenzó a cambiar el paisaje
Los primeros años del siglo XX marcaron un antes y un después. Durante ese período comenzaron a llegar capitales uruguayos y argentinos que encontraron en la península un territorio con enorme potencial. Uno de los símbolos de aquella transformación fue el Hotel Biarritz. Su inauguración, en 1912, representó mucho más que la apertura de un establecimiento hotelero. Era la confirmación de que Punta del Este comenzaba a convertirse en un destino turístico de categoría internacional.
También por iniciativa de Gorlero llegaron las primeras casas prefabricadas de madera importadas desde Noruega. Aquellas construcciones sorprendían por su diseño y por la rapidez con la que podían levantarse en un lugar donde hasta entonces predominaban edificaciones sencillas.

Mientras tanto, el ferrocarril llegaba a Maldonado, el puerto se ampliaba, se mejoraban los caminos y comenzaban los primeros estudios de saneamiento. Poco a poco, el sueño empezaba a tomar forma.

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El tiempo de las dificultades
Pero la historia rara vez avanza en línea recta. La Primera Guerra Mundial alteró profundamente la economía internacional y afectó los negocios de Juan Bautista Gorlero. Muchas inversiones se detuvieron y varios de sus emprendimientos sufrieron importantes pérdidas. En 1916 falleció quien había sido el primer intendente de Maldonado y uno de los principales impulsores del desarrollo de la península. Dos años después, el 15 de julio de 1918, la Junta Económico-Administrativa resolvió homenajearlo bautizando con su nombre a la entonces calle Nº 4 del pueblo. La decisión fue aprobada por unanimidad. Sin proponérselo, comenzaba a nacer uno de los nombres más conocidos de Punta del Este.
El legado continúa
La historia de los Gorlero no terminó con Juan Bautista. Su hijo, el comodoro Juan Máximo Gorlero Aguirre, heredó tanto la pasión por el mar como el compromiso con la ciudad. Durante años dirigió la Compañía de Salvatajes y Navegación del Este y navegó personalmente sus embarcaciones. En uno de aquellos viajes, al regresar desde Santos, estuvo a punto de naufragar frente a Cabo Polonio. La experiencia convenció a su esposa de pedirle que abandonara definitivamente la navegación y concentrara su actividad en los negocios familiares. También dejó su huella en Punta del Este con la construcción de la histórica casa de piedra de la familia, ubicada sobre la avenida que llevaba el nombre de su padre.
Desde sus ventanas se contemplaban el puerto y el mar. Con el paso de las décadas, el crecimiento urbano transformó completamente ese paisaje. La casa desapareció, pero la memoria permaneció.
El comodoro también desarrolló una intensa actividad institucional en el Club Nacional de Regatas, el Yacht Club Argentino, el Yacht Club Uruguayo y el Yacht Club de Punta del Este. Quienes lo conocieron solían describirlo de una manera sencilla y elocuente: era un buen vecino. Quizás ese haya sido el mayor reconocimiento que recibió.
Mucho más que una avenida
Hoy miles de personas recorren Gorlero sin detenerse a pensar quién fue el hombre que le dio nombre a esa avenida.

Sin embargo, detrás de cada cartel y de cada esquina permanece la historia de una familia que llegó desde el mar, convirtió la adversidad en oportunidad y ayudó a imaginar una ciudad cuando todavía era apenas un puñado de médanos frente al océano. Ahora que la avenida inicia una nueva transformación, también renace la memoria. Cambiarán las veredas, la iluminación, el mobiliario urbano y los espacios públicos. Pero hay algo que permanecerá intacto. El nombre.
Porque Gorlero ya no identifica solamente una avenida.

Es el recuerdo permanente de quienes supieron mirar más lejos que su tiempo y comprender que las ciudades más extraordinarias siempre nacen mucho antes de ser construidas: nacen en la imaginación de sus pioneros.





