Punta del Este: el desafío de estar a la altura del mundo

Crecer, atraer inversiones y recibir nuevos residentes es solo una parte de la transformación. Para Gabriela Castro-Fontoura, quien lidera el área de Alianzas Estratégicas del Estudio Bragard, ser una ciudad verdaderamente internacional exige comprender otras maneras de hacer negocios, revisar las prácticas propias y ofrecer servicios que combinen excelencia y calidez.
Punta del Este seduce. Pero detrás de cada persona que decide instalarse y de cada empresa que incorpora a la ciudad a sus planes aparece una exigencia que va más allá del encanto del paisaje: responder a la confianza de quienes llegan con experiencias, expectativas y formas de pensar diferentes.
Ese es el eje que plantea Gabriela Castro-Fontoura, basada en Punta del Este y al frente del área de Alianzas Estratégicas del Estudio Bragard, en su columna “Otra mirada, otras ligas. Una ciudad internacional es también una responsabilidad”.
Su reflexión invita a mirar el crecimiento desde adentro: qué debe cambiar en las empresas y en la prestación de servicios para acompañar la dimensión internacional que la ciudad ha adquirido.

Para la autora, ese lugar es un privilegio que implica responsabilidades compartidas. Llegan residentes de múltiples rincones del mundo, se acumulan inversiones y se abren oportunidades. Aprovecharlas requiere preparación, capacidad de aprendizaje y una evaluación honesta de cómo se está trabajando.
Una ciudad que crece necesita revisar sus reglas
Punta del Este conserva su atractivo, pero su escala ha cambiado. Castro-Fontoura lo expresa con claridad: la ciudad ya no es una aldea y algunas maneras de actuar han dejado de ser suficientes.
Su planteo comienza por una tarea concreta: tener la casa en orden. Cada empresa necesita ejercer la autocrítica, reconocer qué puede mejorar y dar el paso que le corresponde para responder a un escenario más exigente. La propuesta es anticiparse, desarrollar capacidades y dejar de actuar únicamente como reacción a lo que sucede.
Jugar en las grandes ligas, desde esta perspectiva, demanda una transformación que involucra a todos. El crecimiento de la ciudad obliga a elevar también la calidad de sus respuestas.
Traducir conceptos, además de palabras
Una de las claves de esa transformación es comprender que los negocios pueden concebirse de maneras muy distintas según el país de origen de quien llega.
Castro-Fontoura recurre a su propia experiencia para explicarlo. Vivió trece años en el Reino Unido y, durante ese período, solo necesitó contratar a un escribano en una oportunidad. Según relata, esa figura no tenía allí la presencia que tiene en Uruguay, tanto en los negocios como en la vida personal.

La diferencia abre una pregunta relevante para quienes reciben y asesoran a extranjeros: ¿se está explicando por qué el apoyo notarial resulta tan importante en el funcionamiento local?
Hablar otro idioma ayuda, pero la comprensión exige ir más lejos. Hay que transmitir el sentido de los procedimientos, los roles profesionales y las prácticas que aquí se consideran evidentes. Para alguien que viene de fuera de la región, esas diferencias pueden ser profundas. Incluso los argentinos, señala, pueden desorientarse entre los distintos actores que intervienen en Punta del Este.
En ese contexto, la integridad de quienes asesoran es fundamental para explicar el ecosistema local y ofrecer tranquilidad. Un acompañamiento claro también contribuye a que esa persona vuelva y recomiende la experiencia.
Del servicio puntual al vínculo estratégico
La autora aporta un segundo ejemplo de su formación en el Reino Unido, donde estudió Economía. En aquel momento, los contadores se formaban en otra facultad: eran disciplinas concebidas de manera diferente.
Esa experiencia le permite extender la reflexión. Así como un extranjero puede desconocer el alcance del trabajo de un escribano en Uruguay, también puede interpretar de otra manera el papel del contador.

Lo que para un profesional local resulta obvio puede necesitar una explicación cuidadosa para su interlocutor. Allí aparece una decisión que define la calidad del vínculo: limitarse a vender un servicio o ayudar a comprender su valor y su función.
Castro-Fontoura propone aspirar a una relación más profunda: que los clientes reconozcan a sus asesores como socios estratégicos, capaces de acompañarlos en el nivel internacional en el que desarrollan sus actividades.
Escuchar también exige cambiar de perspectiva
La tarea tiene sus dificultades. El trabajo cotidiano de un estudio legal, notarial y contable requiere dominar detalles y procesos específicamente uruguayos, propios de Maldonado e incluso de Punta del Este. Algo similar ocurre en empresas de otros sectores.
Ese conocimiento es indispensable. A la vez, cuando se trabaja con personas y organizaciones de distintos países, resulta necesario dedicar tiempo a comprender cómo piensan, cómo conciben sus decisiones y hasta cómo sienten.
Para Castro-Fontoura, esa disposición permite escuchar mejor, entender con mayor profundidad y prestar un servicio de más calidad. Es una mejora que beneficia tanto a quien lo recibe como al conjunto de la ciudad.
También obliga a prestar atención a las expectativas. ¿Qué espera de cada prestador esa persona que llega? ¿Qué necesita una empresa que incorpora a Punta del Este a sus operaciones? ¿La respuesta que encuentra está a la altura de lo que busca?
Las preguntas forman parte de la evaluación que la autora propone incorporar a la práctica diaria.
Un lugar en las estrategias globales
La dimensión internacional de Punta del Este supera desde hace tiempo la imagen de un balneario activo durante dos meses al año. También trasciende la capacidad de atraer residentes y proyectos.
En su columna, Castro-Fontoura plantea que la ciudad forma parte de cadenas de valor globales. Desde esa mirada, una empresa puede considerar a Punta del Este como un punto dentro de una estrategia más amplia, junto con otros mercados y localizaciones.

Comprender ese lugar cambia la perspectiva. La ciudad compite con el mundo por inversiones, por oportunidades y por la atención de quienes toman grandes decisiones. Su atractivo debe sostenerse también en la capacidad de cada empresa para comprender esas dinámicas y responder a ellas.
Por eso, para la autora, las condiciones macro no alcanzan por sí solas. El posicionamiento internacional se construye además en el trabajo cotidiano, con excelencia, humildad para aprender y una mirada capaz de reconocer lo que el otro necesita.
Conservar la calidez, sostener la excelencia
La reflexión de Gabriela Castro-Fontoura surge de su experiencia internacional y de su actividad en el Estudio Bragard. Según la presentación que acompaña su columna, la firma cuenta con más de treinta años de trayectoria y reconocimiento en publicaciones especializadas como Legal 500, Chambers y Latin Lawyer por la calidad de sus clientes y operaciones.
Su propuesta para Punta del Este reúne dos atributos que deberían crecer juntos: la cercanía en el trato y el rigor profesional. Acompañar la transformación de la ciudad exige revisar hábitos, explicar mejor, escuchar con atención y comprender el contexto de quienes la eligen.
La frase con la que cierra su columna concentra ese desafío: “Mantengamos la calidez, sin perder la excelencia”.
Ver además Bragard: Innovación Legal en Punta




