El nacimiento del chivito en Uruguay

El nacimiento del chivito en Uruguay
Entre veredas que miran al mar y autos de otra época, el Bar El Mejillón vuelve a latir. Este histórico lugar —cuna del primer chivito— revive en una escena que parecía perdida en el tiempo. Hoy, gracias a la inteligencia artificial, estas imágenes recuperan su color y su atmósfera original, devolviéndonos no solo una postal, sino una memoria viva de Punta del Este que se resignifica para nuevas generaciones.
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De una improvisación en Punta del Este a símbolo gastronómico del Uruguay: el chivito, patrimonio vivo de la cultura nacional. Fué un invento casual en el restaurante El Mejillón Bar, ubicado estratégicamente en la península de Punta del Este, sobre la intersección de las calles 31 y 32, cerca de la calle 20. Esta creación se transformó en patrimonio y emblema de hospitalidad.


Antonio Carbonaro (dueño) llegó a Punta del Este el 22 de octubre de 1944 y, apenas dos meses después, el 31 de diciembre, inauguró El Mejillón Bar junto a su hermano Donato. El nombre retomaba la tradición familiar de su restaurante en Montevideo, donde los mejillones con arroz al vino blanco eran la especialidad. Ubicado entre la Playa Mansa, el Casino Míguez, el Nogaró y la Brava, el local se instaló en un punto clave de una ciudad que, por entonces, terminaba en esa misma cuadra. Más allá, solo había ranchos de pescadores y viviendas de obreros. Sin embargo, era paso obligado para quienes, desde el Cantegril Country Club o el Hotel San Rafael, se dirigían hacia la península: El Mejillón Bar era la primera parada en el camino.

El chivito de Don Carbonaro. Hoy, patrimonio vivo de la cultura nacional

El protagonista fue Antonio cuando una noche, cuando una turista —probablemente chilena o del norte argentino— llegó a El Mejillón Bar buscando carne de chivo, un plato que había probado en Córdoba y que quería volver a disfrutar. Ante la falta de ese ingrediente, Antonio Carbonaro no dudó en responder: “No, pero usted no se me va sin comer algo”. La clienta probó el sándwich y, ya fuera por el hambre o por la sorpresa de su sabor y textura, no dudó en pedir dos más. Antes de irse, prometió difundir aquella experiencia tan gratificante.
Fiel a su regla de oro —que nadie se fuera sin ser atendido—, ese gesto improvisado terminaría dando origen a una de las creaciones más emblemáticas de la gastronomía uruguaya.

Antonio Carbonaro (izq.), dueño del histórico Mejillón Bar en Punta del Este, junto al mozo «Cajita» del establecimiento
Una voz del pasado vuelve a sonar entre aromas y memorias. Antonio Carbonaro, creador del chivito uruguayo en 1944 nos cuenta —desde la eternidad digital— cómo nació un sabor que marcó a Punta del Este y a todo un país. Con los testimonios del alcalde Javier Carballal, el director de Turismo Edgardo Silvera y Graciela Carbonaro, hija del creador. Una producción de Punta del Este Internacional en alianza José Pérez Labandeira director de Turisteando.

El contexto era vibrante: en la década de 1940, Punta del Este se consolidaba como destino exclusivo de veraneo. La ciudad recibía cada vez más turistas, y la demanda desbordaba la capacidad de hoteles y restaurantes. En ese escenario, El Mejillón Bar, inaugurado en 1944, fue pionero en abrir las 24 horas del día durante todo el año, convirtiéndose en punto de encuentro de visitantes y locales.

El Mejillón Bar, epicentro social de otra época: artistas, intelectuales y figuras de la vida pública se daban cita bajo una consigna ya clásica —“¿Dónde nos encontramos? En El Mejillón”—, mientras en su emblemática “proa” se tejían partidas de cartas, ajedrez y conversaciones que también marcaron la historia política del país.
El Mejillón se convirtió en un bar con elegancia arquitectónica y mobiliario de caracteres
distinguidos

El chivito trascendió lo gastronómico. Representa la creatividad ante la urgencia, nació en un punto neurálgico del turismo regional y se convirtió en patrimonio cultural e intangible del Uruguay, así como el mate, el tango o el carnaval.

Antonio Carbonaro junto a su hija Graciela, que comparte en el libro de Sequeira & Olveira (2014) que, si bien su padre recibió numerosos reconocimientos en vida, con el tiempo su figura fue diluyéndose. Tal vez influyó su temprano alejamiento del rubro gastronómico o el hecho de que otros grandes restaurantes terminaran apropiándose de la autoría.

Esa identidad hoy también se celebra en el Festival del Chivito, impulsado por el Municipio de Punta del Este bajo la gestión del alcalde Javier Carvajal, que reúne historia, emprendedores, música y gastronomía en torno a este clásico nacional. 

 


Ver además: Javier Carballal: Punta del Este, ciudad de oportunidades