Pilotar el crecimiento: identidad, regulación y destino

Por Claudio Ortiz Belgoff
Así como un vuelo exitoso depende tanto del motor como del fuselaje, el futuro de Punta del Este depende del desarrollo y de su estabilidad cultural y ambiental. Regular no es frenar: es cuidar la marca ciudad, la calidad de vida y la exclusividad real.
Como empresario aeronáutico y observador del horizonte uruguayo.
Desde la cabina de un avión, las fronteras se desdibujan y las ciudades se ven como lo que realmente son: organismos vivos. Al sobrevolar Punta del Este, uno ve ese «edén oriental» que nació entre dunas y barcos pesqueros, hoy convertido en una silueta de rascacielos que nada tiene que envidiarle a Mónaco o Gold Coast en Australia. Pero como en la aviación, para que un vuelo sea exitoso, no solo importa la potencia de los motores (el desarrollo), sino también la estabilidad del fuselaje (nuestra identidad).

Hoy, Punta del Este está logrando algo que ciudades como Saint-Tropez aún pelean, que es romper la estacionalidad. Ya no somos un balneario de 20 días en enero. Somos una ciudad que respira todo el año, con familias que eligen sus colegios, emprendedores que operan desde sus cafés y una calidad de vida que es nuestro mayor activo.

Ciudades como Palma de Mallorca han demostrado que el éxito real no es llenar las playas en verano hasta el colapso, sino mantener una «marca ciudad» vibrante y sostenible los doce meses. Esa tiene que ser la mayor alegría; ver una Punta del Este viva, no una ciudad tranquila todo el año y amontonada en diciembre y enero.

El crecimiento actual corre un riesgo peligroso, que es contradecir su origen. Si permitimos que la saturación visual y el cemento desmedido sepulten la sencillez y la naturaleza que nos hicieron únicos, estaremos traicionando el futuro.
En el sector aeronáutico sabemos que si se pierde de vista de dónde vienes (el viento, la pista, tu base), el aterrizaje se complica. Algunos errores del presente como la pérdida de espacios verdes auténticos o la estandarización del paisaje urbano amenazan con romper ese lazo invisible entre el pasado que fue excepcional y el futuro que queremos dejar a nuestros hijos.
El momento es ahora
Punta del Este tiene una marca poderosa, pero la calidad de esa marca depende de nuestra capacidad para regular. No se trata de frenar el progreso, sino de pilotarlo.
Tenemos el desafío de no sacrificar la exclusividad y la paz por un volumen de corto plazo que sature los servicios y la paciencia del residente.
Tenemos la oportunidad de seguir el ejemplo de ciudades como Aspen, que han sabido mantener su mística original a pesar de ser destinos de clase mundial.


Tenemos el tiempo a nuestro favor, pero el margen de maniobra se achica. Es momento de cuidar los lazos: que el lujo del futuro no nos haga olvidar la calidez del pasado. Porque una ciudad que traiciona su esencia, tarde o temprano, se queda sin destino.
Tenemos que seguir volando alto, pero con la mirada bien puesta en la tierra que le dio origen a Punta del Este.
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