Aniversario de Punta del Este: la ciudad que aprendió a vivir todo el año

Aniversario de Punta del Este: la ciudad que aprendió a vivir todo el año

La ciudad de Punta del Este celebra este 5 de julio un nuevo aniversario de su fundación oficial, ocurrida en 1907. Son 119 años de una historia que comenzó con un pequeño pueblo de pescadores y que, generación tras generación, fue creciendo hasta convertirse en una de las ciudades más atractivas de América Latina y uno de los destinos más reconocidos del mundo.

Pero toda gran ciudad tiene un origen. Y Punta del Este también guarda el suyo, entre el mar, los médanos y los sueños de quienes imaginaron un futuro donde otros solo veían arena y horizonte.

Punta del Este, 1853 insospechada visión de la Torre del Vigia
Museo Histórico Nacional (Rincón 437 Montevideo) esta laminamuestra en el margen Izquierdo sobre la loma de se ve la Torre del Vigia. El dibujo del norteamericano Frank Vicent fechado en 1853. El artista se ubicó en las cercanías de la actual Liga de Fomento y Turismo de Punta del Este, y comienzo de la Rambla Gral. Artigas, mirando hacia Maldonado

Muestra lo que era la zona y el protagonismo visual que tenia la torre hace 167 años sobre la loma de un medaño , el mismo que tuvo desde su inauguración alrededor de 1800. El rancho que figura en el dibujo, más que seguro era de pescadores. Si lo amplían verán algo parecido a redes. El bote a vela más cercano es de pescadores y el de atrás de dos palos una Sumaca o Pailebote. La torre del Vigia desde la ubicación del artista, queda a 5.400 m hacia el NO.

Fuente: FB Casas y construcciones Antiguas (Clara Mendibil)
Fotografía actual de la Torre del Vigia y un dibujo del siglo XIX de la misma

En su prehistoria aparecen los pueblos originarios. Mucho antes de que existieran calles, hoteles o residencias, fueron ellos quienes habitaron estas tierras privilegiadas entre el Río de la Plata y el océano Atlántico. Después llegaron las primeras chozas y pequeñas construcciones que dieron vida al incipiente pueblo de pescadores, conocido inicialmente como Villa Ituzaingó. Recién en 1907 la zona adoptó oficialmente el nombre de Punta del Este y recibió el estatus de pueblo.

Sobre el lomo de la Ballena los españoles construyeron, durante la colonia, un tipo de cerco de piedra, conocido como piedra. Fuente: Cronología de Punta del Este, por Anibal Barrios Pintos

La historia moderna comienza en 1829, cuando don Francisco Aguilar impulsó el desarrollo del pequeño villorrio. Aguilar había llegado al Uruguay en 1810 y era un hombre de fortuna y una visión poco común para su tiempo. Fue propietario de una flota de barcos mercantes, el primer armador naval del país, estanciero, ganadero, comerciante, dueño de pulperías y también ocupó cargos públicos de relevancia como alcalde de Maldonado, administrador de Correos y senador de la República.

Radicado en Maldonado desde 1811, adquirió tierras y, junto a un reducido grupo de colonos, desarrolló la agricultura, la cría de gusanos de seda y la fabricación de baldosas, instalando la primera fábrica en Punta del Este. También impulsó los saladeros, una de las primeras actividades económicas de la península.

La abundancia de ballenas en estas costas lo llevó a obtener el derecho exclusivo para pescar y faenar estos animales durante diez años en el puerto de Maldonado y en las costas del Estado, abonando 75 pesos cada seis meses. Esa autorización también incluía la explotación de los lobos marinos de Isla de Lobos y del departamento de Rocha.

Más tarde, el 13 de junio de 1843, la península fue vendida a los hermanos Samuel y Alejandro Lafone, quienes la adquirieron por 4.500 pesos. Ese mismo día también compraron la Isla Gorriti por 1.500 pesos. Al igual que Aguilar, los Lafone continuaron explotando los saladeros, manteniendo viva la actividad económica de la región.

Moverse hasta Punta del Este no era sencillo. El único vínculo con la ciudad de Maldonado era una carreta que atravesaba inmensos médanos siguiendo la costa. Aquellas dunas parecían no tener fin. Para poder recorrerlas, Aguilar introdujo en el país los primeros dromedarios utilizados como animales de trabajo, una imagen que hoy parece salida de una novela, pero que forma parte de la historia más curiosa de la península.

Desde su fundación oficial en 1907, el crecimiento nunca se detuvo.

Henry y su esposa Carmen Rodríguez. El agradecimiento por su labor se vio reflejado en objetos y medallas. Sin embargo, el más importante de ellos es mantener a Henry Burnett en la memoria de Punta del Este

Entre los grandes pioneros aparece Enrique Burnet, responsable de iniciar gran parte de la forestación que todavía hoy caracteriza a Punta del Este.

Sus extensas plantaciones de pinos lograron contener el avance de los médanos, evitando que la arena cubriera el naciente poblado y cambiando para siempre el paisaje de la península. Aquellos árboles no solo fijaron el suelo: también sembraron el futuro.

En aquel 1907, Punta del Este era apenas un pequeño pueblo. Existían el Hotel Risso, la Capitanía, el Chalet Suárez y alrededor de cincuenta viviendas. Ese mismo año llegaron los primeros veraneantes a bordo del vapor Golondrina: familias argentinas y montevideanas invitadas por el Directorio de la Sociedad Balneario Punta del Este, que ya comenzaba a imaginar el enorme potencial turístico del lugar.

Cambios constantes

Poco a poco, aquel pueblo empezó a transformarse en ciudad. Las playas Mansa y Brava dejaron de ser un secreto para convertirse en uno de los destinos más codiciados del continente. Cada verano llegaban nuevos visitantes y, con ellos, nuevos proyectos, nuevas inversiones y nuevas historias.

Primero aparecieron los chalets de tejas rojas, que todavía hoy forman parte del patrimonio arquitectónico y afectivo de Punta del Este. Luego llegaron los grandes hoteles, entre ellos el emblemático Hotel San Rafael, símbolo de una época de esplendor. Hacia mediados del siglo XX, la ciudad ya era uno de los balnearios más prestigiosos del continente. La combinación de playas, bosques, arquitectura y naturaleza había dado forma a un destino elegante, sofisticado y diferente.

Más tarde llegaron los festivales internacionales de cine, las conferencias políticas, las grandes reuniones empresariales y las menciones en diarios y revistas de todo el mundo. Punta del Este consolidó una identidad propia: una ciudad donde el bosque y el mar convivían con hoteles de lujo, barrios residenciales, casinos y una infraestructura cada vez más moderna.

Cine Cantegril, sede del festival en todas sus ediciones.

La década de 1980 marcó el comienzo de una nueva etapa con el gran desarrollo inmobiliario. Aparecieron las primeras torres y los edificios de gran escala. Durante los años noventa y los primeros años del nuevo siglo ese crecimiento se aceleró con residencias de alta gama, nuevos servicios y una infraestructura preparada para recibir visitantes de todo el mundo. El skyline comenzó a cambiar y la ciudad inició la expansión que hoy la caracteriza.

Ya en el siglo XXI, Punta del Este dio un nuevo salto. Su crecimiento dejó de concentrarse únicamente en la península para integrarse naturalmente con Maldonado, Punta Ballena, La Barra, Manantiales y José Ignacio, conformando una región cada vez más dinámica y diversa.

La ciudad que aprendió a vivir todo el año

Hoy Punta del Este atraviesa uno de los momentos más importantes de su historia. Continúa recibiendo inversiones, nuevos residentes y una corriente migratoria que la elige por su calidad de vida. Pero la mayor transformación quizás sea otra.

Dejó de ser solamente un balneario para convertirse en una ciudad.

Una ciudad donde ya no todo ocurre durante enero y febrero. Colegios y universidades, centros de salud de excelencia, museos, cines, teatros, una agenda cultural permanente, congresos internacionales, gastronomía de primer nivel, deporte, innovación y nuevos desarrollos inmobiliarios mantienen viva a Punta del Este durante los doce meses del año.

Hoy ya no se la elige únicamente para vacacionar. Se la elige para vivir, trabajar, invertir, emprender y formar una familia.

Sin embargo, detrás de cada nueva torre, de cada avenida y de cada proyecto sigue latiendo el mismo espíritu que inspiró a Francisco Aguilar, a los Lafone, a Enrique Burnet y a tantos otros pioneros que imaginaron un futuro extraordinario para esta península.

Porque Punta del Este nunca dejó de crecer, pero tampoco perdió aquello que la hace única: el encuentro entre el bosque y el mar, la calidez de su gente y esa capacidad de reinventarse generación tras generación.

Quizás ese sea su mayor patrimonio.

No solo haber construido una de las ciudades balnearias más prestigiosas del mundo, sino haber aprendido, sin renunciar a su esencia, a vivir todo el año.



“Algunas ciudades cumplen años. Punta del Este, en cambio, sigue cumpliendo sueños.”